Mumbrú, mucho más que un capitán

Parece increíble pero, a partir de la temporada que viene, no veremos a Alex Mumbrú sobre una cancha de baloncesto. Nos quedaremos sin ver su habilidad y su inteligencia en el poste bajo, su capacidad para tirar de tres y su sangre fría para echarse el equipo a las espaldas y jugarse la pelota cuando más quema. Y por qué no decirlo: nos quedaremos también sin ver su intensidad y su juego duro, en ocasiones al límite del reglamento.

Y es que Mumbrú no es un jugador que haya sido querido y respetado por todas las aficiones. Más bien todo lo contrario: me atrevería a decir que los únicos que le han querido de verdad han sido los clubes para los que ha jugado. Pero estoy seguro de que a él nunca le ha importado eso, ya que su estilo de juego ha sido defender el escudo que llevaba en el pecho hasta la última consecuencia.

Un estilo de juego que en Bilbao se ha convertido casi en su estilo de vida. Y es que en los últimos años el Bilbao Basket ha estado a punto de desaparecer unas cuantas veces. Quizás el 2014 fue el año más turbulento: hartos de los impagos y de las falsas promesas de Gorka Arrinda, propietario del club, los jugadores se plantarían y convocarían una huelga de jugadores en la semana que se enfrentaban al Real Madrid. Finalmente, aquél partido se jugó y pocos días después, Arrinda acabaría abandonando el club. Pero aquél mismo verano, la ACB no inscribiría al Bilbao Basket en la competición por incumplir con las exigencias para su inscripción, algo que dejaba al club al borde de la desaparición.

Mumbrú, que ya era capitán del equipo por aquél entonces, no estaba dispuesto a dejar morir al club y peleó -junto a otras tantas personas que tampoco deben ser olvidadas como Raül López o JJ Davalillo- por sacar el proyecto adelante y prometió que en ningún momento se marcharía ni dejaría tirado al equipo, pese a contar con ofertas de equipos Euroliga. Finalmente, aquél equipo competiría en la ACB y se convertiría en el equipo revelación de la temporada 2014/2015, jugando Playoffs por última vez en su vida.

La llegada de Álex Mumbrú en el verano de 2009 suponía un salto de calidad para un Bilbao Basket que la temporada anterior había sido el equipo revelación de la ACB -alcanzó el Playoff y la Copa del Rey por primera vez en su historia- y que estaba dispuesto a dar un gran salto hacia adelante con la intención de asentarse en los puestos altos de la clasificación. No obstante, Mumbrú aterrizaba en Bilbao con un palmarés que muchos envidiarían: Campeón del mundo en 2006 y del Eurobasket en aquél verano, medalla de plata en los Juegos Olímpicos de Pekín 2008 y en el Eurobasket de 2007 con la Selección española y a nivel de clubes, campeón de la ULEB y de la ACB con el Real Madrid en la 2006-2007 y de la FIBA Eurocup con el DKV Joventut en 2006. Durante sus años en Bilbao, este palmarés se ampliaría con una medalla de bronce en el Eurobasket de 2013.

El público de Miribilla despidió a Mumbrú con estos cartones que repartió el club (ACBPhoto, Arrizabalaga)

Aquél año incluso abandonaron su anticuado pabellón de La Casilla y pasarían a jugar en el Bizkaia Arena hasta que se finalizase de construir el nuevo y moderno Bilbao Arena, un pabellón que sería el emblema de esa nueva era que pretendía abrir el conjunto bilbaíno. Pero las cosas no arrancaron del todo bien y se llegó a enero con un balance de 4 victorias y 13 derrotas. En ese momento se decidiría prescindir de Txus Vidorreta, que había llevado al Bilbao Basket de LEB2 a Playoffs de ACB y una Final Eight de Eurocup en tan solo diez años, y en su lugar se contrataría a Fotis Katsikaris. De la mano del entrenador griego se levantó el vuelo de aquella temporada y se lograría llegar a la Final Four de la Eurocup y a rozar los puestos de playoff.

Y es que las tres temporadas siguientes, el Bilbao Basket se asentaría en la élite del baloncesto español: Subcampeón de la ACB en la 2010-2011 frente a un FC Barcelona que era uno de los equipos dominantes del baloncesto europeo, cuartofinalista de la Euroliga en la 2011-2012 cayendo muy dignamente frente al CSKA de Moscú de Andrei Kirilenko -al que incluso se le ganó un partido- y Subcampeón de la Eurocup en 2012-2013.

El alero catalán fue una pieza clave en todos estos hitos. Su intensidad y su manera de vivir el juego se hicieron notar desde el primer momento en un público que, hasta aquél entonces, nunca le había recibido del todo bien. Pero las cosas se observan con otra perspectiva cuando aquél a quien odiabas por su juego sucio pasa a defender los colores de tu equipo: que pasas de odiarle con todas tus fuerzas a amarle como el que más. Y sobre eso, sabemos bastante en Bilbao. Porque si algo le gusta al público de esta bendita villa es ver como un jugador se lo deja todo en la cancha. Por tanto, es normal que desde el primer día su estilo de juego encajara como un guante con una afición que desde el primer momento le acogió como uno de los suyos, hasta convertirse en “un bilbaíno más”, como dijo en su despedida de Miribilla el 20 de mayo.

Las casualidades del destino han provocado que el Bilbao Basket haya tenido que despedir a dos de sus ídolos después de recibir un mal trago: a Raül López se le despidió después de que Joan Sastre clavase un triple desde su casa que les dejaba sin jugar Playoff y a Mumbrú se le despediría habiendo certificado una jornada antes el descenso a LEB Oro. Pese a que insistió en que no se le homenajeara, tanto la afición como el club no le dejaron que se cumpliese su voluntad y le rindieron el tributo que tanto se había merecido.

 

Sin Mumbrú no seremos nada

En los años que llevo acudiendo a Miribilla he oído un montón de veces esta frase o alguna similar. Y es que es innegable que el alero catalán ha sido el jugador más importante de la historia del Bilbao Basket -sin ánimo de desmerecer a Javi Salgado, que también se lo merece-. Álex Mumbrú es el máximo anotador y reboteador histórico del Bilbao Basket y ha sido el líder del equipo tanto dentro como fuera de la cancha.

Ahora que los fantasmas de la desaparición han reaparecido en el entorno del club, ya que se ha insistido en que este proyecto no es sostenible económicamente en una categoría como la LEB Oro, este augurio que tantas veces he oído parece que va a convertirse en realidad. Y si esto se produce, no será porque no haya luchado por ello, ya que en su homenaje dejó claro que todos juntos teníamos que luchar “en la final más importante de la historia del club” y a lo largo de toda la semana se ha manifestado en términos similares dejando claro que no quiere que este proyecto muera y que el Bilbao Basket es algo más que un equipo de baloncesto para la ciudad de Bilbao.

Con las instituciones haciendo oídos sordos a estas peticiones, nadie parece saber cuál será el futuro del baloncesto en Bilbao. Lo que sí está claro es que, pase lo que pase, habrá un bilbaíno más que apoye el baloncesto en la ciudad -o que incluso entrene a un equipo, quién sabe-. Porque, como él mismo dice, es un bilbaíno más, porque… ¿Acaso los de Bilbao no nacen donde les da la gana?

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