La mejor radiografía del Milán de Berlusconi

Es prácticamente imposible hablar sobre la historia de la Champions sin recordar al Milán. Y es que el conjunto Rossoneri es el segundo equipo que más entorchados europeos ha ganado detrás del Real Madrid -siete- repartidos entre las décadas de los 60, los 80, los 90 y los 2000. Un equipo que ha marcado a tres generaciones: abuelos, padres e hijos. El Milán es un club que tiene un rinconcito en el corazón de cualquier futbolero.

Porque es innegable que el Milán fue un equipo con una personalidad aplastante -sobre el engendro en el que se ha convertido estos últimos años, mi compañero Cristian Pérez escribió este artículo hace un tiempo explicando su situación actual-  y con jugadores de la talla de Gianni Rivera, Ruud Gullit, Franco Baresi, Frank Rijkaard, George Weah, Marco Van Basten… O los que han marcado a los futboleros de mi generación: Kaká, Pirlo, Rui Costa, Shevchenko, Cafú, Nesta… Y por encima de todos, Costacurta y Maldini, los dos únicos jugadores a los que tanto los de nuestra generación como las de nuestros padres hemos visto con la camiseta rossonera. Casi nada.

Todos estos jugadores desfilan por las casi 300 páginas de ‘El Milán de Berlusconi: 1986-2017. La radiografía de un proyecto que cambió el fútbol’ publicado a través de la Editorial Samarcanda. Como se puede intuir leyendo el título, el periodista Irati Prat analiza cómo Berlusconi devolvió el honor a un equipo que estaba en horas bajas y que varios años antes había llegado a estar en Serie B.

Berlusconi se presentó ante su nueva afición de una manera bastante excéntrica: como una estrella del rock. (Foto: Mirror.co.uk)

Y es que lo que queda claro es que el bueno de Silvio dejó su impronta en el club en todo momento. Como muestra, dos botones: en el verano de 1986 se presentó a San Siro aterrizando un helicóptero en el centro del campo y, pocas semanas después, contrató a un nutricionista y reguló la alimentación de sus jugadores tras observar cómo sus jugadores se atiborraban en una cena tras perder en las semifinales del Teresa Herrera. Por no hablar de que eligió personalmente a los tres técnicos más recordados de su etapa como presidente: Arrigo Sacchi, de quién se enamoró tras jugar contra su Parma en Copa Italiana; Fabio Capello, que ya se encontraba trabajando para Berlusconi en su emporio, el Mediolanum; y Carlo Ancelotti.

Sin duda, se trata de una labor periodística brutal, ya que está perfectamente documentado -cada capítulo se introduce con un recorte de alguna noticia-, recoge los testimonios -la mayoría inéditos- tanto de protagonistas como de los periodistas que lo cubrieron, y está tratado desde un punto de vista imparcial -no se rehuye a hablar de los peores momentos del club, como la marcha de Arrigo Sacchi o su sanción por la UEFA en 1991, ni tampoco se oculta el poder que tiene el consorcio de empresas de Berlusconi en Italia-. Además, se hace tremendamente ágil y fácil de leer.

Recomiendo este libro a cualquiera que quiera conocer más a fondo a uno de los mejores clubes del siglo XX y de su presidente, que desde el principio del libro demuestra su amor por los colores rojo y negro. Si tuviera que criticar algo -y la culpa no la tiene el autor- es que genera una tremenda nostalgia en todo aquél que lo lea. Nostalgia de cuándo el Milán era un club grande que ganaba ligas y peleaba la Champions, de los clubes con jugadores reconocibles, alma y carácter que había en los 80 y 90. Y en mi caso particular, la nostalgia de recordar a aquellos jugadores que vi cuando era un crío y que con los años han ido retirándose -Kaká y Pirlo este mismo año- .

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