El hombre que hizo llorar con canciones sobre camiones y líneas imaginarias

El boogie-woogie que su tío tocaba con el piano lo cautivó cuando era un niño. Desde aquel momento supo que él también quería tener un instrumento. Pese a que le insistió a su padre una y otra vez para que le comprase una cara guitarra, tuvo que conformarse con una que no costaba más de 50 libras. Poco a poco, este joven guitarrista autodidacta, que, aunque era zurdo, tocaba con la mano derecha, fue aprendiendo a mezclar sonidos. Sus canciones, con protagonistas que van desde camiones hasta líneas imaginarias, han resonado en todos los recovecos del mundo. Con su inconfundible forma de descomponer los acordes, este joven y humilde escocés ha llegado y llega a los corazones de millones de personas. Mark Knopfler, el inigualable, uno de los mejores guitarristas de la historia.

Ligado a las palabras desde siempre

My Saturday job pays six and six down

A copy boy at the Chronicle

Five cigarettes and two silver half crowns

Meeting Vince at Mark Toney’s in town

Boy, do we get around

La ciudad escocesa de Glasgow vio nacer a Mark en 1949, hijo de madre inglesa y padre húngaro, que había tenido que huir de su país por su condición de judío y sus simpatías comunistas. Cuando aún era joven, su familia se trasladó a Newcastle, en Inglaterra. Allí, con tan solo 14 años, consiguió un trabajo como becario en un periódico local. Aunque no era su vocación ser periodista, afirma que este trabajo le enseño muchas cosas que después le han servido en su carrera como músico. «Cuando eres un chaval no tienes ni idea de cómo funciona el mundo. Escribiendo información, casi sin darte cuenta, aprendes a manejarte con la realidad y también a hacerlo todo más corto, a condensar. Hacer canciones también funciona un poco así: coges una realidad enorme y tienes que encajarla en unos minutos», aseguró en una entrevista.

Necesitaba encontrar un lenguaje con el que expresar lo que sentía, y vio en la música la aliada perfecta para hacerlo. Así, cuando aún estaba en la universidad, grabó la demo de una canción que él había escrito, Summer’s coming my way. Tras su primera incursión en la música, que fue poco más que una prueba, se trasladó a Londres, donde se unió al grupo Brewers Droop.

The lights are out in city hall

The castle and the keep

The moon shines down upon it all

The legless and sleep

Una noche, mientras echaba unas risas con los compañeros de grupo, Mark se encontró con que la única guitarra de la que disponía para tocar alguna canción tenía el cuello deformado. Esto no le permitía tocarla de la manera en que se suele hacer, rasgando los acordes, sino que se vio obligado a emplear la técnica del fingerpicking. «Fue en ese momento cuando encontré mi “voz” con la guitarra», ha asegurado siempre. Estaba naciendo un estilo distintivo y único.

Dire Straits: de la nada al cielo

Laughs and jokes

And drinks and smokes

And no light on the stairs

We were young, so young

And always broke

Not that we ever cared

Knopfler continuó desarrollando su estilo y formó, junto con su hermano y John Illsley y Pick Withers, dos amigos de Leicester, un grupo llamado Café Racers. Para perseguir su sueño de ganarse la vida gracias a la música, el cuarteto se trasladó a Londres. En la ciudad de las mil caras, todo fueron cruces para ellos en un comienzo. De hecho, tan solo uno de los cuatro tenía un empleo relativamente fijo y tenían que ensayar en la cocina del piso de otro amigo. Fue este quien propuso que adoptaran el nombre de Dire Straits, «graves apuros» en inglés.

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De izquierda a derecha: John Illsley, Mark y David Knopfler y Pick Withers, los primeros integrantes de Dire Straits.

Sin embargo, ironías de la vida, el despegue fue inmediato. Los cuatro grabaron cinco canciones, entre las que estaba ya Sultans of swing, uno de los mayores éxitos del grupo. La fuerza de la letra interpretada por Mark, unida a su desparpajo con la guitarra, propulsaron al grupo hacia el estrellato. El cuarteto acudió a Charlie Gillett, un influyente disyóquey, con la única intención de obtener consejo. La canción, no obstante, lo conquistó y la introdujo en su programa de radio de la BBC. Los Dire Straits firmaron un contrato con una discográfica y de ahí en adelante ya no hubo quien los detuviera.

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La portada de Brothers in arms, el disco más exitoso de los Dire Straits.

El grupo se hizo con un hueco en el olimpo del rock. A cada gran canción le seguía una todavía mejor. Y así fue hasta que se publicó Brothers in arms en 1985. Si no lo consiguieron, los británicos al menos rozaron la perfección con las nueve canciones que lo componían. La que daba nombre al disco, So far away, Money for nothing o Your latest trick. Algunas de las mejores canciones de los ochenta sin duda alguna. Y para redondear todo esto, Walk of life. Aunque el productor la rechazó inicialmente por pensar que no estaba a la altura de las demás, el tiempo terminaría quitándole la razón, ya que a poco más se puede aspirar en la música. Ese sintetizador al comienzo. Ese medio minuto. Mark Knopfler y sus amigos en estado puro.

Los hermanos de armas también se hacen la guerra

We’re fools to make war

On our brothers in arms

El álbum alcanzó el primer puesto en las listas de una gran cantidad de países y suma hoy en día un total de 32 discos de platino, que se dice pronto. No obstante, a partir de ese momento, comenzó la bajada. Tras terminar la gira de presentación, Mark Knopfler se distanció del grupo y se centró en la grabación de algunos sencillos y algunas bandas sonoras para películas en solitario.

Finalmente, Knopfler anunció en 1988 la disolución del grupo. «Gran parte de la prensa decía que somos uno de los grupos más importantes del mundo. No se trata, pues, de la música, sino de la popularidad. Necesito un descanso», afirmó el músico. Otros miembros del grupo también consideraban necesario cerrar esa etapa de sus vidas. Illsley, por ejemplo, afirmó: «Nuestro momento ya ha pasado. Las relaciones personales corrían peligro y todo ello puso una gran presión sobre todos, tanto emocional como físicamente. Nos cambió». Aunque el grupo se ha reunido en más de una ocasión, siempre ha sido de manera provisional.

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David y Mark Knopfler, cuando la relación entre ellos aún era buena.

De hecho, los «hermanos de armas» se hicieron la guerra y Mark y David dejaron de hablarse como consecuencia de las tensiones surgidas en el seno del grupo. Aunque se alegaron las tan trilladas diferencias creativas como motivo de la separación del grupo, tiempo después se descubrió que su relación se había deteriorado mucho. «No estoy al tanto de lo que mi hermano hace», aseguró en una entrevista David. «Todo esto sumió nuestras vidas y a nuestras familias en una sombra. Tenemos primos que no se conocen unos a otros». Asimismo, ofreció su punto de vista: «Mark y yo teníamos una visión diferente sobre cómo debían hacerse las cosas. Yo trataba de construir una democracia, mientras que él intentaba establecer una autarquía. Tuve que hacer terapia durante mucho tiempo para luchar contra mis fantasmas y demonios».

Pese a este abrupto final, el legado de los Dire Straits es inmenso. Referentes musicales, su disco Brothers in arms ocupa el octavo puesto en la lista de discos más vendidos de todos los tiempos en el Reino Unido. Se calcula que nueve de cada diez familias británicas que disponen de un compact-disc lo tienen. De lo que no cabe duda es que el grupo marcó la década musical de los 80.

Mark se valía por sí solo

Come up and feel the sun

A new morning has begun

Another day will make it clear

Why your stars should guide us here

Tras la separación, Mark se dispuso a dejar atrás la sombra de los Dire Straits y demostrar de lo que era capaz: él, solo él, y su guitarra. En marzo de 1996 lanzó su primer álbum en solitario, Golden heart, una delicia. Con solo escuchar la canción del mismo nombre, una verdadera exquisitez, se puede ver que el talento y la creatividad del británico no estaban agotados, ni mucho menos. Iba a dar mucha guerra todavía.

Cuatro años más tarde, en el 2000, publicó Sailing to Philadelphia, que mantuvo la calidad y dio a luz otras dos obras maestras de la música: la canción del mismo nombre que el álbum y What it is. Los críticos aseguraron que Mark había alcanzado o incluso superado el nivel de los Dire Straits. A este ritmo de un disco aproximadamente cada dos años, el glasgüense continuó produciendo verdaderas obras de arte, entre las que destacan, por derecho propio, Get lucky y Tracker, el más reciente de sus trabajos.

Mark Knopfler en Bilbao.jpg
Knopfler, en Bilbao, en el año 2001.

A estos trabajos hay que sumar las numerosas colaboraciones que ha llevado a cabo con otros músicos de primera categoría, entre los que se encuentran Bob Dylan, Sting, Elton John o Paul Macartney. Asimismo, ha organizado unos cuantos conciertos con el objetivo de recaudar fondos con fines benéficos.

Un tipo único y polivalente

He do the song about the sweet lovin’ woman

He do the song about the knife

He do the walk, he do the walk of life

A lo largo de su carrera, Mark ha conseguido desarrollar un estilo único, que lo diferencia de cualquier otro músico. Estampa un sello distintivo en cualquier canción que ilumina con su guitarra. Tanto sus éxitos de la época de los Dire Straits como las obras recién salidas del horno tienen un toque especial. El sello Knopfler.

Capaz de escribir sobre cualquier cosa y después hacer esos versos aun más bonitos gracias al acompañamiento de los instrumentos, jamás se ha abandonado a letras vacuas y vacías de contenido. Quizá sea su faceta literaria, de hecho, la que le ha hecho llegar tan alto. Gracias a la potencia de sus letras, fue capaz, por ejemplo, de convertir el trazo de una línea imaginaria para delimitar cuatro estados estadounidenses —la conocida como línea Mason-Dixon— en deleite para los oídos. Algo parecido sucede en Border reiver, en la que narra las «aventuras» de un camionero escocés que se lanza a recorrer los kilómetros que separan Escocia de Inglaterra. Denle cualquier tema a Mark, que él se encarga de hacerlo precioso gracias a la música.

Nunca llueve a gusto de todos, sin embargo, y un sector de la crítica se ha empeñado siempre en criticar a Mark. Los más elitistas dentro de ese grupo de señores y señoras que dictan —gracias a un poder que no se sabe quién les ha concedido— qué música vale y cuál no, han estado siempre ahí, acechando, esperando la oportunidad para saltar. Knopfler, sin embargo, siempre ha mantenido el temple: «Creo que todo tiene que ver con que yo he elegido tener un perfil bajo. No doy apenas entrevistas televisivas, no he entrado en el mundo televisivo y de las celebridades. Me gusta ser una persona privada. No hago las cosas que otra gente hace para estar ahí».

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Mark no descansa y en la actualidad continúa escribiendo canciones y publicando nuevos discos, así como haciendo giras a lo largo y ancho del mundo.

Cuando saltaba al escenario con los Dire Straits, por formar parte del grupo, y ahora que cabalga en solitario, por intentar alejarse de lo que el grupo propuso en sus años de gloria. Quienes han querido siempre han encontrado algo con lo que machacarle. No obstante, la música no es más que las emociones que consigue suscitar en cada persona y no cabe duda de que Mark logró marcar a una generación hace ya unos años y ahora está marcando a otra.

Las canciones con los Dire Straits son parte importante de las vidas de la gente, les recuerdan momentos. Son trozos de su vida. Pero las canciones que estoy haciendo ahora serán lo mismo para otras personas, gente que hoy tiene 16, 17 años… Cuando salgo a tocar sigo viéndolos, también vienen. Son simplemente otra generación.

El genio diestro —o zurdo— tiene cuerdas para rato. Por suerte. Disfrutemos.

 

Canciones que marcaron una época

Sailing to Philadelphia

Corrían los años sesenta del siglo XVIII. Lo que hoy son los Estados Unidos no eran por aquel entonces nada más que una amalgama de colonias británicas en suelo norteamericano. Los conflictos territoriales entre ellas, las disputas por la latitud y longitud a las que se tenían que trazar sus divisiones, estaban al alza. Así, se encomendó a los astrónomos Jeremiah Dixon y Charles Mason la tarea de establecer la separación entre lo que hoy son cuatro estados. Concebida como una conversación, en la que tanto Dixon (Knopfler) como Mason (James Taylor) expresan sus dudas y sentimientos, Sailing to Philadelphia se basa en un libro para narrar magistralmente esta historia. La maestría de ambos cantantes, que se hace patente en voces que llegan al alma con cada palabra, hacen de esta canción una de las mejores que haya salido de la pluma y la guitarra de Knopfler. Imprescindible.

Walk of life

Difícil será que alguien que escuche esta canción pueda olvidarla. El primer medio minuto es único, con esa melodía tan especial interpretada con un órgano sintetizador. Con la letra, Knopfler homenajea a los músicos callejeros, los míticos buskers de Londres. Así, las referencias a oldies, o canciones míticas, son constantes a lo largo de los cerca de cuatro minutos. Walk of life, quizá la canción más emblemática de los Dire Straits, estuvo a punto de quedarse sin salir del horno, fuera del disco, ya que al productor no le convencía; creía que no estaba a la altura de las demás. Lo que habría podido cambiar esa decisión.

Border reiver

Se pueden hacer canciones bellas sobre cualquier tema. Por si alguien tenía dudas, esto lo deja bien claro Knopfler con esta canción. Coge el Albion Reiver, un modelo de camión, y compone una obra maestra a partir de él. Mark juega magistralmente con el significado de las palabras en los casi cinco minutos que dura la canción y toma elementos que podrían parecer nimios —como, por ejemplo, el emblema de la marca que fabrica los camiones—, que, combinados con una dulce melodía, provocan ganas de llorar de la emoción. Es en canciones como esta en las que se nota el sello distintivo de calidad del señor Knopfler.

What it is

Carlton Hill, el castillo, su old town, la fortaleza… La ciudad escocesa de Edimburgo no tiene desperdicio. Dos de sus distritos fueron, de hecho, declarados Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Una auténtica joya, en definitiva. Como tal, Knopfler no desaprovechó la oportunidad de rendir homenaje a la capital del país que lo vio nacer. Así nació esta What it is, una canción que comparte espacio en el álbum con Sailing to Philadelphia. La guitarra marca el ritmo y se van sucediendo las alusiones a los elementos más destacados de la urbe escocesa. En estos versos en los que se cuelan también algunos personajes históricos del país, así como títulos de canciones típicas, el de Glasgow consigue cincelar una preciosa imagen de la ciudad. El homenaje está a la altura de la homenajeada.

Beryl

Mark siempre se ha considerado un aficionado a la literatura y ha afirmado en varias ocasiones que de joven devoraba libros. Con Beryl, el primer sencillo de su álbum Tracker, saldó una deuda con una de las escritoras que más le ha inspirado siempre: Beryl Bainbridge. Una autora menospreciada por la crítica. Mark quizá se vio alguna vez reflejado en esta inglesa que, pese a recibir algunas alabanzas por sus obras, fue la eterna candidata al premio Booker, uno de los premios literarios más prestigiosos para libros escritos en inglés. Y es que no pasó de ahí, de candidata, de las nominaciones. Al menos hasta después de su fallecimiento. Como dice la canción: Cuando le dieron el Booker, ya estaba muerta en su tumba. Después de todo lo que dio… Poco más que añadir. Por suerte, tuvo la suerte de que alguien como Knopfler se acordara de ella y compusiera esta pequeña joya.

Golden heart

Sultans of swing

So far away

Money for nothing

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