Habemus Copa

Cualquier aficionado al baloncesto tiene, por defecto, el mes de febrero marcado en el calendario. Sabe que del jueves al domingo de una de las semanas que componen ese mes va a tener lugar la cita por excelencia de la temporada. Da igual el año. Da igual que sea bisiesto o no. Ese es el mes. Por mucho que la liga, la Euroliga o la Eurocup acaparen el resto de fechas del año, siempre queda un sitio reservado para ella. Tiene, además, la capacidad de movilizar a una gran cantidad de aficionados de todos los equipos. La Copa, en definitiva, tiene un aroma especial. Un olor a competitividad, disfrute, emoción y hermandad.

Quienes la hemos sentido en nuestras propias carnes sabemos de lo que estamos hablando. En mi caso, no solo he tenido la ocasión de disfrutar del ambiente y la emoción de esta competición, sino que también tuve el honor de competir en la Minicopa, un torneo paralelo que disputan los jugadores de categorías inferiores de los equipos participantes. Sin duda, aquellas cuatro jornadas, compartidas con la afición baskonista —equipo con el que yo competía— y el resto de hinchadas, jamás abandonarán mi memoria. Acontecimientos como aquel no se viven todos los días.

Y es que la seña de identidad de este maravilloso torneo, lo que lo diferencia de otros, son las aficiones. Hay quienes reservan sus hoteles en la ciudad en que se va a celebrar la presente edición desde el mismo verano anterior. Los hay también que prefieren no arriesgar y esperan a que su equipo certifique la clasificación y se haga con una plaza en la competición. Lo que ningún año cambia es la gran afluencia de espectadores que recibe la Copa.

Gran Canaria Arena
El Gran Canaria Arena acogerá esta edición, la 82ª.

Además, el espectáculo deportivo sirve como excusa para todo tipo de actividades: desde el turismo por la ciudad que alberga la edición en concreto hasta la oportunidad de conocer a personas de otros puntos de España que comparten el mismo gusto por este deporte. Salvo contadas excepciones, el ambiente entre aficiones ha sido excelente a lo largo de la historia de este torneo, del que se han disputado ya 81 ediciones. De hecho, esa hermandad, ese deseo de compartir y disfrutar juntos de tan emocionante espectáculo, son parte del ADN de esta competición.

Sin embargo, este año parecía que todo se había alineado para desbaratar los planes de los aficionados que ya tenían las maletas prácticamente hechas para viajar a Las Palmas de Gran Canaria. La Asociación de Baloncestistas Profesionales (ABP) anunció la convocatoria de huelga de cara a la Copa del Rey. El temor se expandió con rapidez, ya que gran parte de los jugadores mostraron a través de diversas vías su apoyo a esta medida. La celebración del torneo quedaba, pues, en el aire.

El fondo social, la clave

La clave para comprender el conflicto entre la Asociación de Clubes de Baloncesto (ACB) y la citada ABP es el fondo social, una aportación económica que los clubes pertenecientes a la ACB han de abonar a la ABP. Esta cantidad, tal y como se afirma desde la ABP, es esencial para mantener en pie el sindicato de jugadores. Así pues, con las negociaciones para actualizar este convenio estancadas y las posiciones de ambas partes muy distanciadas, el conflicto parecía irresoluble antes de la fecha fijada para el pistoletazo de salida de la Copa.

No obstante, ambas partes eran conscientes del alcance mediático y social de este torneo y no les quedó otro remedio que sentarse a la mesa de negociaciones a intentar alcanzar un pacto in extremis. Tras unas cuantas horas, ABP y ACB se pusieron de acuerdo y desenquistaron la situación. «Las dos partes han demostrado generosidad y altura de miras», aseguró José Ramón Lete, Secretario de Estado para el Deporte. «Con este acuerdo —añadió—, jugadores, clubes y competición quedan protegidos y, por tanto, sale ganando el baloncesto. Yo creo que es un primer paso y muy positivo para seguir construyendo el baloncesto».

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Alfonso Reyes (ABP), José Ramón Lete y Esther Queraltó (ACB), tras alcanzar el acuerdo para desconvocar la huelga.

Sea o no el futuro tan halagüeño como lo pinta Lete, los aficionados, por lo menos, no saldrán perdiendo en esta ocasión, cosa que, por desgracia, suele ser lo habitual. El Gran Canaria Arena vibrará con la emoción. 8 equipos. 8 aficiones entregadas. Un solo trofeo para un solo ganador. El espectáculo está servido.

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