Vivir el presente y mirar al futuro sin olvidar el pasado

Prácticamente todos los telediarios nacionales del 31 de enero de 2014 abrieron con una imagen que, no por menos anunciada, no dejaba de ser impactante: los jugadores del Racing de Santander se habían negado a disputar la ida de los cuartos de final de Copa del Rey frente a la Real Sociedad. Hartos de las falsas promesas y los impagos del consejo de administración dirigido en la sombra por Francisco Pernía y por Ángel Lavín como su marioneta, los jugadores del club santanderino habían anunciado que si no dimitían, ese partido no se jugaría. Y así ocurrió.

Ambos equipos saltaron al césped de El Sardinero entre los aplausos de La Gradona y los pocos aficionados del resto de gradas que se animaron a acudir aquella fría noche de invierno. La masa social del club santanderino era completamente consciente de lo que iba a suceder aquella noche -los representantes de la asociación de peñas y de las Juventudes Verdiblancas se habían reunido con representantes del club para confirmar que ellos también respaldaban la decisión de no jugar- y apoyó con cánticos de “Esta camiseta sí la merecéis” y pancartas de “Fuera chorizos de El Sardinero” a sus jugadores y al cuerpo técnico, que se abrazaron en el círculo central -el once inicial- y frente al banquillo -los suplentes y el cuerpo técnico- mientras observaban como la Real Sociedad hacía una especie de rondo y tiraba el balón fuera en señal de respeto.

En rueda de prensa, el entrenador Paco Fernández agradecía, emocionado, las muestras de apoyo y añadía: “sentirnos arropados nos ha dado mucha más fuerza para poder sobrellevar estos momentos tan delicados”, para posteriormente pedir disculpas a los aficionados por no poder disfrutar del partido y apelar a los padres a que explicaran a sus hijos los motivos por los que habían tomado esta decisión. “Hemos tomado esta decisión por respeto al fútbol, el deporte que amamos, y por respeto a nosotros mismos”, para dar a continuación las gracias a sus jugadores y al cuerpo técnico y concluir: “esta decisión es muy difícil. Es probablemente el partido más importante que hemos tenido que jugar muchos de los que estamos hoy aquí y lo hemos cambiado para mostrar a todo el mundo que la dignidad personal y profesional está por encima de todo, así como el respeto al fútbol y al deporte”.

Y lo consiguieron. Al día siguiente, el Consejo de Administración era destituido y Tuto Sañudo, cántabro y conocedor del club -jugó durante diez temporadas- se convertía en el nuevo presidente de la entidad. Su primer objetivo como presidente consistió en devolver la ilusión a la masa social cántabra, y en su primer partido de liga después del plantón, El Sardinero volvió a vender todas sus entradas -hasta ese momento, habían registrado aforos bastante bajos, se estima que en torno a las 1500 personas-. En junio de ese mismo año, volverían a Segunda División tras vencer al Llagostera en el playoff, pero su estancia en la categoría de plata duraría tan solo una temporada.

Reenganchar a la afición

Ese era el principal objetivo del Tuto Sañudo cuando entró a la presidencia del club el 31 de enero de 2014. Hasta ese momento, acudían unas 2000 personas a El Sardinero cada dos fines de semana. Pocas, sí, pero tremendamente implicadas. Como recordaron Sañudo y Manolo Higuera, actual presidente del club, en Salvados, se organizaron brigadas de limpieza entre los aficionados para limpiar las gradas. Tal fue el perjuicio económico generado -en torno a los 10 millones de euros, según destacó Higuera en dicho programa- que ni siquiera tenían dinero para contratar un servicio de limpieza.

Daniel Blanco, uno de esos 1500 aficionados que iban a El Sardinero en 2014, explica lo que significa este club para él: “Lo es todo en el fútbol. Si algún día desapareciese… no te voy a decir que me dejase de gustar este deporte o que no volvería a ver un partido, pero lo haría simplemente por el espectáculo, sin sentir nada en absoluto. El equipo de mi tierra, el de mi padre, el de mi abuelo, un sentimiento que va más allá del fútbol y que me hace experimentar las mejores y peores emociones. Sin duda, de las cosas -no humanas- más importantes para mí.”

Un sentimiento que se hace extensible a todos los aficionados que están actualmente en El Sardinero, bastantes menos que en Primera -8.000 frente a 20.000- pero, como comentaba antes, mucho más implicadas con el equipo. Para Daniel, “si algo bueno ha tenido el descenso de categorías ha sido sin duda el resurgimiento de una afición que en Primera no destacaba especialmente por su apoyo. El campo estaba lleno, sí, pero la animación dejaba mucho que desear, e incluso se pitaba al equipo a la mínima. El conformismo no es bueno, pero silbar al equipo en media tabla con los presupuestos que manejábamos… no era de recibo”.

A la hora de señalar un momento dónde se produjo ese punto de inflexión, Daniel no duda en señalar que fue “la lucha contra los dirigentes que nos estaban llevando a la ruina lo que nos unió como nunca y creó una comunión perfecta entre plantilla y afición que, a día de hoy, aún dura”.

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La cercanía geográfica que hay con sus rivales es uno de los factores que anima a los racinguistas a viajar cada dos domingos para ver a su equipo, algo que ya se hacía cuando se enfrentaban a rivales como el Athletic de Bilbao, el Salamanca, el Oviedo o el Sporting, pero que en Segunda B se ha incrementado “porque las distancias son más cortas, las entradas más baratas y hay más disponibilidad en los estadios visitantes”, tal y como señala Daniel. Lo que no se ha recuperado es una tradición ya extinta: “La fiesta del cocido”, donde los aficionados que se desplazaban a ver a su equipo comían cocido montañés en alguna plaza de dicha ciudad.

Una afición bastante viajera, que llegó a desplazar a 5.000 personas -a los que los gendarmes les requisaron los lábaros pensando que eran símbolos nazis- al Parque de Los Príncipes para ver a su equipo frente al PSG en fase de grupos de la Copa de la UEFA o que, en la fase previa de esa competición, viajaron en autobús a la ciudad finlandesa de Espoo -unos 4.000 kilómetros de viaje aproximadamente-.

Los números hablan por sí mismos, y en estos años ha habido desplazamientos a Villaviciosa y León -con el liderato en juego- de 4.000 y 5.000 aficionados respectivamente. Para Daniel, “algo muy bonito se ha creado en la afición en el peor momento deportivo de su historia. Y aunque ahora parece peligrar la sintonía equipo-hinchada por los malos resultados, esperemos que esta se mantenga, ya que es beneficioso para todos”, sentencia.

Y es que la desesperación está empezando a calar entre la masa social del Racing. Tras tres años en Segunda División B, la sensación de que el club lleva demasiado tiempo en una categoría donde no se merece estar cala hondo en una afición acostumbrada a jugar contra los mejores. Como señala Daniel, “en pueblos como Aranda, Astorga o Mieres, muchos de los mayores nos preguntan de qué equipos somos. Cuando respondemos que somos del Racing nos suelen preguntar: “Pero el que juega es el Racing B, ¿no?”. Y es que no hace tanto, era el filial el que visitaba esos campos, algo que a mí me produce una mezcla entre tristeza y nostalgia”.

Recuperando la identidad

En verano de 2015, Manolo Higuera relevaría al Tuto Sañudo en la presidencia e iniciarían un nuevo proyecto con el objetivo de volver a ascender. Otros dos jugadores históricos del club, Munitis -de entrenador- y Gonzalo Colsa -de ayudante- seguirían siendo los inquilinos del banquillo y se ficharon jugadores contrastados en Segunda B como Dani Rodríguez o Dioni. Finalmente, serían eliminados en el Playoff por el Cádiz, otro histórico que se encontraba en una situación similar y que este año camina con paso firme por Segunda División.

Para la temporada 2016-2017, Ángel Viadero, otro hombre de la casa, relevaría a Munitis en el banquillo. Viadero ya entrenó al filial del Racing durante seis temporadas y de su mano, jugadores contrastados en Segunda y Segunda B como Edu Bedía, Christian Fernández, Iván Bolado, Mario Ortíz o Cristian Portilla dieron sus primeros pasos en el fútbol de élite. Aunque hay dos nombres que destacan sobremanera de entre todos los canteranos con los que trabajó en La Albericia: Iván Marcano y Sergio Canales, cuyas carreras son de sobra conocidas por cualquier aficionado al fútbol.

Con él en el banquillo, se pensaba que la apuesta por la cantera sería clara, aunque en ambos mercados de fichajes se apostó por contratar a jugadores contrastados en Segunda B y Segunda como Dani Aquino, Jagoba BeobideSanti Jara, Abdón Prats o Samuel Llorca. La apuesta por la cantera, en cambio, no fue tan notoria, aunque han debutado jugadores como Sergio RuizJavi Cobo o Miguel Gándara, quienes ya han conseguido hacerse con un hueco en la plantilla. La temporada acabó de la manera más amarga posible: derrotados por el FC Barcelona B con un global de 1-4 en la última eliminatoria del Playoff de ascenso a Segunda División.

“Cantabrizar” el club

Para su tercera temporada en Segunda B, se movieron en el mercado de verano con un objetivo bastante claro: una especie de “operación retorno” donde se ficharía a jugadores que ya hubieran militado anteriormente en el club, como Quique Rivero, Antonio Tomás, Álex García o Juanjo Expósito.

A ellos se les sumarían piezas importantes de las temporadas anteriores como Iván Crespo, Borja Granero, Dani Aquino o Córcoles y la aportación de los canteranos antes mencionados, Óscar Fernández, un extremo derecho que ya se ha asentado por méritos propios y el pujante Pau Miguélez, internacional con las categorías inferiores y que confían en que será un jugador bastante importante en los próximos años.

Esta mezcla de juventud y veteranía, fórmula del éxito para muchos equipos, parece que no tiene el mismo efecto en los Campos de Sport del Sardinero. Al finalizar la primera vuelta, el Racing se encontraba tercero, a seis puntos del lider, el Mirandés, y habiendo perdido cuatro partidos. Y los fichajes, parece que no han cuajado del todo.

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Roberto González, del Diario AS, se manifestaba así al preguntarle sobre esta “repatriación” de canteranos, y hace también un análisis de la temporada del Racing hasta el momento: “A priori me parece bien, porque son jugadores que han acumulado casi 500 partidos entre Segunda y en Primera, y que supuestamente, para la Segunda División B deberían ir sobrados. A posteriori, a toro pasado, la primera vuelta ha sido un auténtico desastre: ninguno de ellos ha jugado a buen nivel y han acumulado lesiones, sanciones…”.

El capitán Borja Granero, opina también sobre esta filosofía: “Me parece bien siempre y cuando tengan un buen nivel y puedan competir, como los que tenemos. Un equipo como el Racing también puede sacar canteranos, muchos de ellos están en el primer nivel y vemos que aquí también pueden ser importantes”.

Las palabras de Borja Granero representan, grosso modo, una opinión que cada vez se lee más en los foros de aficionados del equipo santanderino: la única solución para revertir esta mala situación es apoyarse en la cantera, como hizo el Sporting de Gijón hace no tanto. Para él, aunque opine “que ser canterano tampoco implica saber lo que es el Racing, porque es algo más que jugar en él, hay que vivirlo y sentirlo”. Además, considera que “los que suben de abajo tienen un recorrido importante en el club y hay chavales que llevan ocho o diez años aquí, y es bueno tenerlos porque ves la ilusión con la que llevan la camiseta de su tierra y es una gozada”.

Roberto González, por el contrario, no es tan optimista con la cantera y cree que “con gente de la cantera, de los que hay ahora, no se puede revertir esta situación. ¿Con jugadores cántabros? Sí. El Racing está jugando prácticamente todos los partidos con seis, ocho, incluso nueve jugadores cántabros… Pero el Racing B, que está quinto en la Tercera división cántabra, no tiene jugadores como para tirar del carro y subir, que es lo que trata. En este mercado de fichajes, el Racing tiene que fichar tres muy buenos jugadores y luego ya veremos en junio a ver cómo estamos. Pero desde luego, pensar que ahora mismo hay chavales en el juvenil o en Tercera que vayan a tirar del carro… Pues es engañarse”.

Sus profecías sobre el mercado de fichajes, por el momento, se han visto cumplidas, puesto que han incorporado a Franco Acosta, del Villarreal B y a Borja Lázaro, un delantero consolidado en Segunda División. En junio, veremos si consiguen ascender, aunque como me comentó poco después “el Racing ahora mismo es un club que paga al día y con unas instalaciones de entrenamiento muy buenas. Es normal que los jugadores estén a gusto”.

Aunque los resultados deportivos no sean del todo satisfactorios, lo que es innegable es que se ha avanzado bastante en salvar económicamente al club, principalmente, con la ayuda de patrocinadores de diversa índole, y la afición se está volviendo a enganchar en estos momentos tan duros. Sustentándose en esas dos bases, no tardaremos mucho en volver a escuchar en los carruseles deportivos el mítico sonido: “GOOOOL EN EL SARDINERO”.


Fotos tomadas el 07-01-2018 en el Arenas Club-Racing de Santander. Muchas gracias al Arenas Club por todas las facilidades y su amabilidad.

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