La auténtica manada

La marcha del 25N muestra la importancia que tiene el feminismo en la sociedad

En el centro de  la localidad bizkaina de Barakaldo, un grupo de personas comienza a agolparse. En silencio, sin alterar el ritmo natural de la ciudad. Paraguas en mano comienzan a hablar y a mirar al cielo, como esperando o implorando que no llueva. Algunos van solos, otros acompañados, también van familias enteras, hombres jóvenes y mujeres de todas las edades, desconocidos, unidos entre ellos por una causa común. La manifestación convocada para las 11 de la mañana del día 25 de noviembre, Día nacional contra la violencia machista, reúne a más de 40 personas frente al Palacio de Justicia de Barakaldo.

“Matxiruloak, emakume gazteokin jai duzue”, es el mensaje que reza una de las pancartas que dos de los manifestantes atan y dejan colgada entre dos farolas. Pero no es la única, además de las banderas, la frase: “Queremos ser libres, no valientes” escrita en negro y lila, acompañará a la manifestación en su camino desde Barakaldo hasta Sestao. En cuanto los primeros manifestantes ponen un pie en el asfalto por el que tantos vehículos desfilan al día por el centro de la ciudad; dos coches de policía, uno al frente y otro al final escolta a la aglomeración.

Comienzan a ondear las banderas. Empapadas en color lila con el estampado blanco de un puño enmarcado por el símbolo del sexo femenino, representan así la lucha en la que tantas mujeres, 45 en lo que va de año y 1000 en los últimos 14, han sido asesinadas a manos de sus parejas. Una de las máximas aulladas al viento: “No es un crimen pasional, es asesinato”, deja constancia de la denuncia que tantas personas hacen a los medios de comunicación que, en incontables ocasiones, esconden consciente o inconscientemente, la brutal realidad de la que tan solo hablar parece incomodar a muchos.

Precisamente, estudiantes de fotografía y medios de comunicación pululan entre las personas en busca de la noticia o de la declaración del día. Una de las fotógrafas parece que lo consigue cuando una de las manifestantes se acerca a ella y le pide que por favor no le saque fotos. La mujer, con el pelo oscuro interrumpido por prematuras canas, explica escuetamente: “Estoy huyendo de mi pareja, ni mi familia me saca fotos”. Así que la joven estudiante de fotografía, apabullada por la situación, muestra a la mujer como elimina la evidencia de que estuvo allí; eliminando así cualquier prueba que pudiera causar una catástrofe más, eliminando así la posibilidad de que esa mujer abriera los telediarios siendo la víctima número 46 del 2017 por violencia machista.

La marabunta de personas cruza las calles Juan de Garay y Lasesarre, donde los gritos indignados y las indignadas hacen asomar a las ventanas a muchas de las personas que se encuentran en sus hogares. Cuando se deja Barakaldo atrás, pronto empieza a llover y los paraguas se abren para cumplir su función. La manifestación se calma, pero poco; los murmullos y algún grito lanzado al aire siguen ocupando la principal atención de las personas que se topan con la movilización.

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Un grupo de tres amigas jóvenes habla entre ellas, compartiendo historias y viejas experiencias relacionadas con la violencia machista. Una de ellas se echa el pelo hacia atrás, como un indicador de frustración: “Desgraciadamente, amigas mías de toda la vida han sufrido malos tratos que se ven como casos aislados y muy lejanos, pero nos puede pasar a todas nosotras”, sus amigas concuerdan en que tanto hombres como mujeres deben estar unidos en contra del sistema patriarcal en el que todos vivimos.

La conversación deriva, continúa, hacia el caso tan mediatizado como lo es el de “La Manada” y la violación en grupo a una joven durante los San Fermines del año 2016. “Me parece una vergüenza que se esté criminalizando a una persona que ha sufrido una situación traumática”, explica la más alta de las tres mientras la manifestación avanza paulatinamente hacia el centro de Sestao. Sin embargo, no todo en este caso son sombras: “Se está viendo que mucha gente está creando un movimiento para apoyar a la chica a nivel de redes sociales, aunque no tanto en los medios”, explica la más joven de las tres.

Este grupo de chicas están indignadas. Indignadas y frustradas, ante el hecho de que se cuestione el testimonio de la joven violada por la investigación de un detective privado. El informe se basa principalmente en el mero hecho de que la joven haya continuado con su vida. “No porque haya sufrido una violación tiene que estar en casa encerrada y deprimirse”, aclara la del pelo oscuro.

Por desgracia, este no es un caso aislado. En los últimos meses han saltado a los medios todo tipo de acusaciones en el ámbito hollywoodiense por parte de distintas mujeres, en muchas ocasiones, hacia el mismo hombre por abusos sexuales. ¿El caso más sonado? El de Harvey Weinstein, en el que la última actriz en sumarse para desearle lo peor al productor ha sido Uma Thurman: “Me alegro que sea despacio, no mereces una bala”, escribió en una publicación de Instagram el día de Acción de Gracias.

Después de que varias actrices, que no pocas, decidieran denunciar a Weinstein, muchas explicaron que aquel tan solo era el principio; hecho que se ha podido observar fácilmente. De los testimonios más implicados con la causa destacan los de Jessica Chastain, Kate Winslet, Mark Ruffalo o Emma Thompson. Pero en la otra cara de la moneda se han podido encontrar comentarios tan desafortunados como el de Woody Allen: “Ahora, por guiñar un ojo vas a tener que llamar a tu abogado”; o el del presidente de EEUU Donald Trump: “Lo conozco desde hace muchos años y no me sorprende”.

“No es un caso aislado, es el patriarcado”, retumban las voces de tantas y tantos cuando se está ya en las calles de Sestao, haciendo que muchos se giren alarmados por la multitud, pero también por el ruido y los gritos. Sin embargo, a lo lejos, comienza también a escucharse el retumbar de tambores y la manifestación barakaldesa sonríe ante la emoción de encontrarse con su hermana de Santurce.

Es junto a la boca de metro de Sestao donde todo el gentío se entrecruza y ambas pancartas se unen formando en su centro un par de manos unidas. Los gritos se escuchan esta vez, con mucha más fuerza que antes. Delante de los manifestantes, un grupo de mujeres cubriendo sus rostros con coloridos pañuelos lleva a cabo un número con tambores, que hace que los corazones de todos los allí presentes sigan un mismo ritmo. Las cámaras de televisión allí presentes comienzan a grabar la escena llena de color y pasión por una causa común.

Las tamborileras cantan, cantan alto cuando el ritmo de los tambores cesa y la letra de la canción inunda las calles como un tsunami imparable. En la plaza del casco de Sestao se escucha la voz de 10 mujeres: “Si tu marido te pega, es porque te quiere, es porque te quiere, es porque te quiere pegar”. Y la canción cae como un jarrón de agua fría sobre todos los manifestantes. Vitorean cuando los golpes de tambor y  la letra mueren, satisfechos con el mensaje claro que dejan.

El recorrido aún no ha terminado. Pero las televisiones se lanzan a entrevistar ya a los pobres incautos que no han sido lo suficientemente rápidos como para seguir a la manifestación por las calles de Sestao. Aun con unas pequeñas bajas apenas perceptibles, el gentío continúa.

“Esto es una puta lacra, y nos afecta a todos”

En la calle José María Usandizaga, una mujer anciana se asoma a la ventana al escuchar el jaleo proveniente de fuera. Orgullosa, con una gran sonrisa en la cara, haciendo que todas sus arrugas fruto de los años se acentúen grita: “Así así, ¡muy bien chicas!”. Varias personas alzan su rostro para ver a la anciana y ríen ante la peculiar situación. “Si tuviera unos años menos bajaría, pero estoy ya muy mayor”, se disculpa.

Con el corazón enternecido por la escena, la marabunta alcanza ya el punto final de la movilización; la calle Txabarri. Allí, muchas personas se asoman a sus ventanas, al igual que la anciana que momentos antes observaba como desfilaba bajo su ventana todo un movimiento.

En la plaza dos mujeres se tumban en medio de un círculo formado por la gran masa de personas que se ha terminado reuniendo. Sus compañeras dibujan sus siluetas y no hace falta ningún tipo de explicación; todos conocen el escenario, todos conocen la “Lacra”. Así lo llama una mujer que observa la escena a lo lejos y que escucha los escalofriantes datos de la boca de mujeres de la asociación que convocó la manifestación. Apoyada en una columna de piedra, con un cigarrillo en la boca, aclara a su compañero: “Esto es una puta lacra, y nos afecta a todos”.

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