Aída Martínez: “Dicen que el taekwondo es un deporte individual pero nos necesitamos entre los compañeros para conseguir una victoria”

Aída Martínez pasa los días entre entrenamientos, universidad y más entrenamientos. También en campeonatos y concentraciones deportivas, mínimo una vez al mes.  Tiene 20 años y lleva desde los siete viviendo el taekwondo desde dentro. Pero ahora parece brillar más que nunca, y es que la medalla de oro en el Campeonato de Europa Sub-21 tiene que lucir mucho.

La valenciana dejó su casa con tan solo 12 años para vivir entre semana en un centro deportivo en el que combinaba los estudios con entrenamientos. Fue entonces cuando comenzó a destacar en los campeonatos regionales y nacionales, tanto que en 2015 la llamaron desde el Centro de Alto Rendimiento de Barcelona para decirle que la querían en el equipo. Aída, la joven que siempre había querido estudiar veterinaria, se embarcó en la aventura que tantos éxitos le ha traído.

Quizás sea por abandonar su hogar desde tan pequeña. O quizás por todas las experiencias que ha vivido tras todos estos años de dedicación. O por tener que entrenar en lugar de salir con sus amigos. O por la dureza del deporte de élite. Quizás sea por todo eso que desprende una serenidad y madurez poco común para su edad. Pero la taekwondista, que se define como “tranquila aunque temperamental”, está dispuesta a llegar a lo más alto.

– El taekwondo lleva muchos años formando parte de su vida, ¿qué le ha aportado?

– Pues… Diría que si algo me ha dado el taekwondo ha sido mucha experiencia en la vida. Mucha experiencia en la vida y muchas amistades. Hay veces que se pasa mal. Claro, te vas de casa con 12 años, no ves a tus padres y tienes que aprender a hacer cosas que una niña de esa edad no haría. Vives solo para ello, lejos de casa y, a veces, te sientes sola. Pero tus compañeros están igual, así que se crea un vínculo muy especial que te reconforta y al final te hace sentir como en casa. Es duro pero he aprendido muchísimo y no me arrepiento para nada. Por otra parte, también me ha dado mucha felicidad cuando he conseguido las medallas y me ha enseñado a ser muy constante en todos los aspectos de mi vida.

– En 2015 accedió al Centro de Alto Rendimiento de Barcelona, ¿cómo fue la decisión?

– Fue bastante difícil porque yo no me lo esperaba, no lo estaba buscando. Lo que pasó fue que me habían fichado en el campeonato de España Sub-21 y le dijeron a mi entrenador que tenía que ir al CAR. De hecho, yo no me lo llegué a plantear seriamente porque pensaba que era algo que estaba en el aire y se me pasó hasta el plazo de inscripción… (risas). Al final me dijeron que me querían allí sí o sí y que me iban a enviar una carta para que aceptara, entonces fue cuando ya lo decidí de verdad. Así que fue bastante de rebote.

Por lo que cuenta, la historia de Aída Martínez parece una sucesión de acontecimientos que no se esperaba. Tropezó con el taekwondo también por casualidad. Un vecino suyo se había apuntado y su madre estaba continuamente comentando lo contento que estaba desde que entrenaba. La que entonces tenía siete años practicaba baloncesto pero, confiesa, no se le daba muy bien. Así que, haciendo caso a su vecino, decidió probar.  “Fue por su culpa”, reconoce ahora entre risas. Desde entonces ha crecido enormemente como deportista y, aún más, desde que está en el Centro de Alto Rendimiento.

“Lo más duro es tener que entrenar pase lo que pase o te sientas como te sientas ese día”

– ¿Qué cambios a nivel deportivo ha notado desde que entró al CAR?

– Que todo es más profesional. En realidad creo que cuando estás aquí no te das cuenta de todo lo que vas mejorando… pero yo ahora miro hacia atrás y veo toda la progresión. Creo que todo es gracias a la gente que hay. Hay personas con mucha experiencia que te ayudan un montón, ven las cosas de otra forma y te las dicen, y todo eso te hace mejorar.

– Y, personalmente, ¿cómo se lleva?

– Bueno… es que yo cuando vivía en Valencia también estaba en otro centro de lunes a viernes para entrenar. Por eso venirme a Barcelona no fue un cambio muy drástico. Aunque, personalmente, creo que es difícil porque hay temporadas que estás de bajón y, quieras o no, tienes que ir a entrenar obligatoriamente: a las 7 de la mañana, a las 6 de la tarde… y, aunque no tengas ganas, tienes que hacerlo. Sí, yo creo que eso es lo más duro: tener que hacerlo pase lo que pase o te sientas como te sientas ese día. Aunque poco a poco aprendes a llevarlo y, al final, cuando haces un entrenamiento que merece la pena, se convierte en una vía de escape, te das cuenta de que te puedes desfogar y después, por ejemplo, te pones a estudiar incluso mejor que si no hubieses ido.

En el centro de Barcelona se reúnen algunos de los mejores taekwondistas a nivel nacional de cada peso. En ocasiones hay hasta más de una persona de la misma categoría pero, según la valenciana, la relación entre ellos es “muy buena”. “Sabemos separar los entrenamientos de la vida fuera”, explica, “es algo que aquí tenemos muy claro”. No obstante, para ella, el trato con los entrenadores “podría ser mejor”. Prácticamente todo el apoyo que reciben es el de sus familiares y compañeros de fuera y dentro del CAR, por lo que la joven echa en falta “una relación más cercana” con sus preparadores.

Aída Martínez, sin embargo, es una persona que a lo largo del tiempo ha aprendido a lidiar con las dificultades que se le presentan en el camino. Su técnica es “mirarlo todo con perspectiva” y “pensar las cosas en frío”. La taekwondista, a la que le gusta “tener las cosas controladas”, aclara que es una persona “muy tranquila aunque muy temperamental”, algo que repercute en sus combates.

– ¿Cómo definiría su forma de competir?

– La verdad es que está bastante relacionada con mi forma de ser. De hecho, peco de ser demasiado tranquila en los combates. A veces hay momentos en los que pienso que voy controlando el marcador pero al final cambia en mi contra y me falta el poder reaccionar a eso. Entonces me quedo como: “joder, ¿qué ha pasado?” Ese es uno de mis peores fallos: cuando se me descuadra algo me cuesta más responder. Aunque estoy trabajando para mejorarlo.

– Pasan meses preparándose para algunos campeonatos pero, ¿cuáles son las sensaciones que siente justo antes de competir?

– De normal no soy una persona que se ponga muy nerviosa ni tampoco me agobio. La noche de antes del campeonato me pongo enfrente del espejo y empiezo a hablarme a mí misma para mentalizarme de lo que tengo que hacer, me doy un baño para relajarme y me tumbo con las piernas hacia arriba. Así, a la mañana siguiente me despierto despejada y puedo tomármelo con tranquilidad. Obviamente ese día intento mirar a mis contrincantes, ver cómo van o qué hacen pero ya está, me pongo música y listo. A la hora de calentar antes de un combate no lo doy todo, sino que prefiero tener mi tiempo. Lo que más hago en las competiciones es pensar, hablarme a mí misma, plantearme el combate y motivarme interiormente. Me gusta tomarme las cosas con calma.

“En el Campeonato de Europa Sub-21 hubo un momento de mucha confusión. En la final le dieron por ganado el combate a mi contrincante durante unos segundos y todos lo estaban celebrando”

– En la última temporada, 2016-2017, se subió a podios en Serbia, Israel, Holanda, España y, finalmente, consiguió la medalla de oro en el Campeonato de Europa Sub-21 celebrado en Sofía, Bulgaria. ¿Es su mayor logro deportivo?

– Sí. Sin duda alguna.

– ¿Cómo lo vivió?

– No sé por qué pero cuando iba a ir al campeonato tenía claro que iba a ir a ganar. Me acuerdo que tenía unas sensaciones de ir a por todas, a hacer lo que hiciese falta para poder llevarme el campeonato de Europa. Aunque hubo un momento de mucha confusión y emoción porque cuando ya estaba en la final contra Francia iba ganando yo pero en el último momento mi contrincante me agarró, me dio en la cabeza y le subieron los puntos a ella. Pero claro, al haberme agarrado era una acción nula aunque los puntos le subieran. Teóricamente el combate lo había ganado yo pero ella tenía el marcador que le daba la victoria. La francesa ya lo estaba celebrando, saltando por la pista y con todo su equipo aplaudiéndola y gritando. Yo pensaba: ¿qué está pasando? Entonces el árbitro, a los pocos segundos, le quitó los puntos que se le habían subido automáticamente y me di cuenta de que era yo la que había ganado. Fue un momento muy emocionante. Estaba mi imagen en todas las pantallas y todos mis compañeros animándome. Pensé: “acaba de pasar”. Fue muy gratificante, una recompensa a todo el tiempo que había estado trabajando en ello.

La taekwondista recuerda emocionada su mayor triunfo hasta el momento. Cada uno de los instantes en los que genera tanta adrenalina quedan grabados en su memoria. Su familia, sin embargo, guarda las medallas, trofeos y diplomas en un mueble a la entrada de su casa en La Alcudia, Valencia. Son ellos quienes custodian, orgullosos, todos los méritos deportivos de la joven. Aunque no todo son victorias en la vida de un deportista. También hay fallos y malas rachas.

“En los campeonatos nacionales hay presión: qué pensarán, estoy en el CAR, soy la ‘elegida’… no puedo fallar”

– ¿Cómo asume las derrotas en los campeonatos?

– Si te digo la verdad, bastante bien. Es más, hay veces que he ganado algún campeonato pero he sentido que he hecho las cosas mal y no me ha sabido a victoria. Vale, es cierto que he ganado pero no significa nada porque sé que lo podía haber hecho mejor. Sin embargo, hay otras veces que he perdido el campeonato pero no me he sentido mal porque sé que he hecho todo lo que estaba en mis manos para intentar ganarlo. La verdad es que creo que he aprendido mucho más de algunas derrotas que de las victorias. Es cierto que ha habido veces que ciertos fallos no me han gustado nada y siento rabia e impotencia pero siempre trato de aprender de ellos para poder mejorarlos.

– De vuelta al Centro de Alto Rendimiento, ¿hay un trabajo de análisis de los combates y los fallos?

– No. Nada. En otros centros sí pero en el de Barcelona no hacemos ese trabajo, es cosa del entrenador. Por eso mismo siempre estamos necesitando a los compañeros. Después de cada combate tienes a tu grupo de compañeros diciéndote tanto los fallos que has cometido para así evitarlos en el siguiente combate como las cosas que has hecho bien para que sepas por dónde puedes tirar. Yo personalmente creo que he conseguido mejorar gracias a la gente que me ha estado ayudando y diciéndome eso desde fuera. Dicen que el taekwondo es un deporte individual pero después de todo lo que he vivido en estos años yo diría que no, nos necesitamos los unos a los otros para conseguir la victoria.

– ¿Siente algún tipo de presión en las competiciones por el hecho de estar en el CAR?

– Sí, hay presión. Sobre todo en los campeonatos a nivel nacional porque hay rivales que, por ejemplo, no están en la selección española y tú sí, entonces te crea presión y tensión de a ver qué pasa. Además, precisamente es esa presión la que hace que falles. Hace que no estés en el combate pensando en lo que deberías pensar, que tengas continuamente en la mente el hecho de que no puede ganarte y te frustres. A mí me ha pasado muchas veces y no encuentro la manera de solucionarlo, es muy difícil evitar esa sensación: qué pensarán, estoy en el CAR, soy la ‘elegida’… no puedo fallar. Por eso me siento más cómoda compitiendo a nivel internacional, porque si fallas no es lo mismo.

No obstante, Aída Martínez ha comenzado esta temporada consiguiendo el oro en las dos competiciones a las que ha acudido: el Open de Serbia y el Open Ciudad de Pamplona. La joven, que competía normalmente en la categoría sub-21 y en el peso de menos de 73 kg, ha vuelto a subirse a lo más alto pero, esta vez, estrenándose en más de 73 kg y participando oficialmente en sénior. Todo un mérito que la valenciana relativiza, cree que tuvo “algo de suerte”. “No me esperaba comenzar tan bien la temporada, no estaba en mi peso habitual y competí en una categoría nueva”, explica. Por eso pretende volver a competir en menos de 73 kg, ya que, si no, se nota “mucho más lenta” y ve a las contrincantes “más grandes” que ella.

Con el objetivo a largo plazo puesto en conseguir ir a unos Juegos Olímpicos, de momento prefiere ir poco a poco visualizando campeonatos más cercanos. Sigue su filosofía de tomarse las cosas con calma, analizar en frío las situaciones y ponerlo todo en perspectiva. Considera que está “en proceso” de conseguir puntos para en un futuro acudir a unas Olimpiadas, aunque a las de Tokio “está bastante difícil”. De todas formas, se ríe al ser preguntada por la cita olímpica, y es que hay deportes que parece que solo existen una vez cada cuatro años.

“Me da algo de rabia que la gente esté tan involucrada en un deporte como el fútbol y haya tantos otros, no solo el taekwondo, que sean prácticamente invisibles”

– ¿Cómo considera que se valoran los logros en taekwondo en comparación con otros deportes?

(Gran suspiro) Siempre se quedan en segundo lugar. Cuando quedé campeona de Europa Sub-21, por una cosa o por otra, todo era más importante que eso. Aunque, en realidad, a mí eso me da igual, no es lo que busco. Quizás sí que me da algo de rabia que la gente esté tan involucrada en un deporte como el fútbol y haya tantos otros, no solo el taekwondo, que sean prácticamente invisibles. Más que nada porque luego eso repercute en las ayudas económicas. Das mucho y estás volcada completamente en algo que luego no tiene casi compensación. Los futbolistas cobran millonadas y nosotros cobramos cien euros al año, ¿sabes? Así que quienes estamos aquí es por pasión y porque nos gusta, obviamente no por el dinero. Del taekwondo solo puedes vivir si eres campeón olímpico y sabes sacarle provecho a tus logros. Pero si no llegas ni a unas Olimpiadas, olvídate.

– Por otra parte, este año ha comenzado a estudiar Veterinaria en la Universidad Autónoma de Barcelona, ¿cómo consigue compatibilizarlo con la vida deportiva?

– Para empezar he tenido que partirme el curso, ya que requería mucho tiempo del que no dispongo, así que de momento voy muy bien y no me he agobiado. La universidad también me da alguna facilidad por ser deportista de élite, si tengo un campeonato y necesito saltarme alguna clase obligatoria hay una persona que se dedica a hablar con los profesores y solucionar los posibles problemas. Es el programa Tutor Esport. Pero es cierto que tienes que aprender a saber llevarlo todo porque, claro, entre los estudios, la vida social y el taekwondo… tienes muy poco tiempo para todo, así que hay que saber gestionarlo.

La que “desde niña” siempre quiso estudiar veterinaria y no pensó que lo del taekwondo fuera a llegar tan lejos, ha encontrado la solución para compaginar sus dos sueños. Ahora se mueve en una balanza equilibrada gracias a la energía y perseverancia que le aporta el deporte y la satisfacción de realizar la carrera que siempre deseó. “Ha sido gracias al taekwondo por el que he podido acceder a ella”, reconoce. Pero si en algún momento tuviera que decantarse por una de las dos opciones, la joven asume que sería por la carrera. Mientras tanto, espera poder continuar su camino como hasta ahora durante mucho tiempo y seguir cosechando victorias y aprendiendo de las derrotas.

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