¿Buenas noches?

Sonaba “Sky Full of Stars” de Coldplay mientras se maquillaban mirando al espejo. María y Patricia se disponían a salir de fiesta como cualquier otra noche. De esas en las que si te quedas en casa, a priori, no eres nadie y tienes que aprovechar sí o sí debido a esa fiebre de sábado noche.

María se estaba pintando el ojo cuando de repente sonó el teléfono móvil con un número desconocido. Le pareció algo extraño, pero no reparó verdaderamente en ello, así que, simplemente contestó: “Sí, ¿quién es?”. Pero no hubo respuesta. Tres segundos y colgó. No le dio demasiada importancia, por lo que continúo preparándose junto a su amiga. Al de un rato, ya estaban listas para salir a bailar y disfrutar de la noche como dos jóvenes de 20 años, que se creen que se pueden comer el mundo.

Por fin, llegaron al punto de encuentro con sus amigos: La estación de metro de Abando. María miró su reloj que marcaba la una de la noche y se preguntó por qué tardaban tanto. Habían quedado hacía más de 15 minutos y a ella no le gustaba precisamente la impuntualidad.

De pronto, unas manos taparon sus ojos y se asustó. Pero nada más invadirle ese olor tan característico de su novio, todos los males se pasaron. Se saludaron y este les informó de que los demás ya se encontraban dentro de la discoteca. Así que, se pusieron en camino.

Nada más llegar encontraron a sus amigos en una esquina. Todos estaban muy contentos de su llegada. Uno de ellos propuso ir a beber esos chupitos de “Corazón de fuego”, que, más que bebida, son matarratas.

Las 2.00, las 3.00, 3.30. Las horas iban pasando y el ambiente se iba caldeando al son de la música, baile, bebidas y cuerpos moviéndose. De pronto, Patricia decidió ir a por una copa. Le pidió a María que la acompañara, pero estaba demasiado ocupada, por lo que decidió ir sola. Al llegar a la barra tuvo que esperar un rato a que la atendieran. Miró al espejo que tenía en frente, y por el que podía ver todo lo que ocurría tras ella. Un grupo de chicos le estaban mirando, bueno, mejor dicho, escaneando, y discutiendo sobre quién sería el valiente que le hablaría.

Uno de ellos, llamado David, se acercó con aire tranquilo y le instó: “Perdona, ¿Me puedes pedir una copa?”, a lo que Patricia contestó: “¿Cómo?”, y él: “Sí, que a una chica tan guapa como tú le atenderán antes que a un chico como yo”. Ella no pudo más que reírse y contestarle que ya era suficientemente mayorcito como para saber pedírsela él solito. El pobre chico volvió cabizbajo junto a su grupo y justo cuando ella disponía de su copa, le dio un golpecito en el brazo, dándole ánimos y fuerzas para que cumpliera la ardua tarea de pedir una copa. Pero en ese momento, en el que los dos hablaban, un amigo de David introdujo unos polvos en su copa.

Media hora transcurrió y Patricia veía borroso. Se sentía aturdida y simplemente se dejaba llevar por el ruido de la música balanceando su cuerpo. En ese momento, se le acercó el chico que había vertido aquellos polvos en su copa, con intenciones sospechosas. Se puso a bailar detrás de ella, aunque Patricia ni se inmutara. Los amigos de esta no le dieron demasiada importancia, pero justo cuando el chico trató de llevársela a los baños de la discoteca, para completar el plan que había tramado desde el principio, David se dio cuenta de las intenciones de su amigo, y los paró. Miró los ojos de Patricia que se encontraban perdidos, y supo exactamente lo que había ocurrido. Los separó por completo. Zarandeó a su amigo y empezó a echarle en cara lo que pretendía haber llevado a cabo. Los guardias de seguridad de la discoteca no tardaron en llegar debido a la pelea que se estaba formando. Los separaron y los sacaron de la discoteca.

Patricia se encontraba junto a sus amigos, que acudieron a donde ella, en cuanto se percataron de la pelea. Salieron fuera también y hablaron con el chico que salvó a su amiga de una violación. Ese chico, llamado David, se ofreció a acompañar a Patricia y a sus amigos a denunciar a la policía, ya que se sabía todos los datos de su amigo.

Finalmente, denunciaron los hechos ocurridos a la policía y trasladaron a Patricia al hospital de Cruces para hacerle un análisis. Patricia dio positivo en cristal. Le hicieron un lavado de estómago y sus padres se la llevaron a casa.

Por fin terminó aquella noche que, aunque comenzó como una noche más, acabo transformándose en una pesadilla.


Aclaración:

Este relato contiene partes de ficción y realidad al mismo tiempo. No es realidad al 100%, pero en más de una ocasión, cualquiera se puede sentir identificado con él. Desde la persona que le ha pasado esto en primera instancia, tanto como el amigo que ha ayudado a alguien en ese estado.

Por tanto, pido que si en algún momento os veis en una situación parecida, en cualquiera de los roles que aquí se narran, que seáis valientes, que intercedáis, que salvéis a esa chica y que por supuesto, denunciéis los hechos ocurridos a la policía.

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