El estigma del “Hijo de…”

David Stockton (Foto: Getty Images/NBA.com)

Estos últimos días he leído a varios periodistas “especialistas” en la NBA alabar la pretemporada de David Stockton en los Sacramento Kings. Alguno incluso se ha atrevido a compararle con su padre, el mítico John Stockton, por haber dado un par de pases y bandejas decentes en un partido de pretemporada frente a los Warriors. Podéis juzgar su actuación en el vídeo que tenéis a continuación:

Vale, de acuerdo, ha jugado muy bien frente a los actuales campeones, pero no nos olvidemos de que es pretemporada y que las estrellas de la NBA no suelen apretar mucho durante estos primeros partidos, pero a lo que vamos: ¿Realmente ha mejorado tanto en las últimas semanas un chaval que hasta hace cuatro días apenas había gozado de oportunidades?

Su padre ha sido uno de los mejores jugadores de la historia: jugó más de 1500 partidos en la NBA en los que logró 19.771 puntos y 15.806 asistencias, sin olvidarnos que formó parte del mítico Dream Team de 1992, que logró la medalla de oro en los JJ. OO. de Barcelona.

David, en cambio, tan solo ha jugado tres partidos en la NBA, en los que logró un total de ocho puntos y nueve asistencias. Su carrera ha transcurrido, con más pena que gloria, por las ligas de Croacia, Nueva Zelanda y la liga de desarrollo de la NBA. ¿De verdad son comparables?

Gary Payton II (Foto de Getty Images/NBA.com)

Algo similar ocurre con Gary Payton II, el hijo del mítico “The Glove“, Gary Payton. En sus dos años en la universidad deslumbró al mundo con mates espectaculares, pero la calidad de su juego ha dejado bastante que desear, al menos si lo comparamos con su padre, uno de los bases más completos de los años noventa.

Y se me podrían ocurrir muchísimos ejemplos más, pero es conveniente recordar aquellos “hijos de” que han superado con creces lo que hicieron sus padres. A bote pronto se me ocurre Stephen Curry, que ha superado por bastante todo lo que logró su padre Dell, un muy buen jugador en los años 80 y 90. En España, los hermanos Hernangómez o Álex Abrines, actualmente en la NBA, y cuyos padres no dejaron de ser jugadores que chuparon mucho banquillo o militaron en equipos de segunda fila.

Quizás para estos jugadores haya sido fácil superar las aportaciones de sus padres porque en ningún momento han tenido que soportar a periodistas que les imponen un listón que, a priori, parece insuperable: ser mejor que su padre. Todos deberíamos interiorizar que jugadores como Stockton o Payton han sido únicos y que nadie, ni siquiera su hijo, les va a igualar.

Pero ellos también tienen su parte de culpa, puesto que su forma de jugar se asemeja bastante al de sus padres, lo que da lugar a estas odiosas comparaciones. Por tanto, deberían centrarse en desarrollar otra personalidad de juego, como ha hecho Glenn Robinson III, cuyo juego no se parece en nada al de su padre.

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