25 años de la primera obra de arte de Tarantino

Quentin Tarantino sopla estos días las velas del 25º aniversario del estreno de una de sus primeras películas, Reservoir dogs. Corría el año 1992 cuando un desconocido director, que también participó como actor en la película, presentó lo que con el tiempo se ha convertido en una película de culto. Unos cuidados y apasionantes diálogos, unas brillantes actuaciones, los primeros destellos de genialidad de Tarantino, que ya empezaban a brotar y que se harían evidentes dos años después, con Pulp Fiction. La receta perfecta. Pese a lo limitado del presupuesto, el filme se convirtió en un clásico del cine independiente y supuso el inicio de la ascensión de Tarantino hacia la cumbre del mundo cinematográfico.

El argumento de la película es simple: «Es, en resumen, una historia de un grupo de tíos que planean un atraco y donde todo lo que puede salir mal sale mal», decía Tarantino, pero la manera de llevarlo a cabo es magistral. La tinta del guión se convierte en imágenes de una manera brillante. Un mafioso, de nombre Joe, asistido por su hijo, reúne a seis hombres para perpetrar el robo de unos diamantes. Con el fin de preservar su anonimato, estos se esconden detrás de nombres de colores, lo cual brinda la posibilidad de hacer gracias en cuanto al posible significado oculto en cada uno de ellos. Así, Mr. Azul, Mr. Marrón, Mr. Naranja, Mr. Rosa, Mr. Blanco y Mr. Rubio se disponen a saquear el depósito de las piedras preciosas.

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Reservoir dogs fue la primera película «seria» de Tarantino. Contó con un presupuesto limitado para su rodaje y los actores tuvieron que llevar sus propios trajes.

La película destaca por la simpleza de las localizaciones que se emplearon para el rodaje: con un almacén, un despacho, un bar y un par de exteriores, Tarantino consiguió despachar la mayor parte de la trama. Asimismo, pese a ser su segunda producción, ya podían atisbarse en ella los principales rasgos que lo caracterizarían después. Los saltos en el tiempo son uno de ellos. El filme se centra en lo que sucede después del atraco, pero retrocede en unas cuantas ocasiones para explorar los preparativos del golpe. El desarrollo no es lineal. Así, el director consigue que el público vaya familiarizándose poco a poco con cada uno de los criminales. De lo contrario, resultaría complicado saber quién es quién en este batiburrillo de colores.

Escenas para la posteridad

Los créditos aparte —quién no conoce la canción Little green bag— y con permiso de la escena en la que los criminales se devanan los sesos intentando deducir el sentido de la canción Like a Virgin, de Madonna, la más memorable es la de la tortura. En ella, uno de los ladrones trata de sonsacar algunos datos a un policía que ha caído en sus manos. O simplemente disfruta de su sufrimiento. Con este personaje, Tarantino consiguió cincelar la personalidad de un psicópata aborrecible, que no respeta ni siquiera los códigos de los criminales. Tan detestable llegó a resultar que el propio actor que lo interpretaba, Michael Madsen, se vino abajo durante el rodaje por las atrocidades —cuando le habla a la oreja, por ejemplo— que estaba cometiendo su personaje y rompió a llorar.

La escena no tiene desperdicio. El baile fue improvisado, ya que en el guión tan solo se especificaba lo siguiente: «Mr. Rubio baila como un maníaco». Además, Madsen no había escuchado nunca la canción hasta que se dispuso a actuar. Pero lo bordó. En tan solo tres intentos, el actor clavó un baile memorable, divertido pese a lo que viene después. Wes Craven, el célebre director y guionista de películas de terror, no pudo con la escena. Un desconocido Tarantino presentaba su filme en el Festival de Sitges y presenció in situ cómo el alabado cineasta abandonaba la sala, puesto que no podía soportar más. Tarantino se fue con las manos vacías del festival catalán, pero siempre se ha vanagloriado de que el director de películas como Pesadilla en Elm Street o la saga Scream no pudiera ver la escena por completo.

Veinticinco años. Un cuarto de siglo ha transcurrido ya desde que Reservoir dogs se proyectara por primera vez en una pantalla, desde que varias personas tuvieran que salir por patas de la sala por lo que les hacía sentir la escena de la tortura. El paso del tiempo no ha hecho mella en ella, sino que la película se ha consagrado e incluso se tilda de «mejor película independiente de todos los tiempos». Muchos de los profesores de Tarantino criticaron sus ideas, por los extraños planos y posiciones de cámara que proponía. Pocos vislumbraban por aquel entonces la magia del que es ahora considerado uno de los mejores directores del cine. Reservoir dogs, como el buen vino, envejece bien.

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