Mikel Ayestaran: «No estamos todo el día con el chaleco y el casco metidos en trincheras»

Viajero empedernido, Mikel Ayestaran (Beasain, 1975) se percató pronto de que la redacción de un periódico no era para él. El terremoto de Bam de 2003 lo pilló de vacaciones y no dudó en coger su mochila y partir hacia la zona. Desde entonces ha trabajado como freelance cubriendo conflictos en una amplia lista de lugares que incluye Georgia, Irak, Afganistán, Pakistán, Egipto, Túnez, Jordania, Libia, Israel, los territorios palestinos y Siria, entre otros. En Oriente Medio, Oriente roto se recogen las vivencias de un periodista que no se conforma con dar las breaking news, sino que destaca su interés por regresar a los sitios tiempo después, cuando ya no son calientes, y ver cómo es la situación. “Yo valgo lo que vale mi última cobertura y nada más”, asegura desde Jerusalén, centro de operaciones y ciudad en la que reside con su mujer e hijos.

Ayestaran Twitter.jpg

El terremoto de Bam cambió su vida. Estaba de vacaciones y marchó por su cuenta. ¿Qué le llevó a ir a una ciudad recién arrasada por un sismo? ¿Por qué dejar una redacción y lanzarse a la aventura?

Yo trabajaba en un periódico regional y no le podía pedir que me enviara a este tipo de coberturas. Se debió a las ganas que tenía de unir mis dos grandes aficiones, el viaje y el periodismo. Siempre he pensado que uno rinde mucho más haciendo lo que le gusta y hasta el momento he intentado combinar las cosas que más me gustan y sigo así.

En Saqba, a las afueras de Damasco, el periodista Richard Beeston se quitó el chaleco y el casco y se los dio, ya que estaba desprotegido, porque tenía cáncer terminal y decía que no le iban a servir de mucho. ¿Cuán importante es estar rodeado de gente con experiencia en el terreno?

Normalmente trabajo solo, pero hay momentos en los que es fundamental tener al lado a alguien con experiencia. Cada vez queda menos gente con experiencia. Yo, que vine con 41 años, soy en muchas ocasiones el más veterano. Aun así, es esencial rodearse de gente con experiencia, tanto en este trabajo como en cualquier otro.

¿Quiénes son sus referentes?

Siempre he tenido a mis referentes muy cerca. Desde siempre me ha gustado mucho Jon Lee Anderson, del New Yorker. Creo que es un tipo impresionante, cuyo trabajo admiro mucho. Además, creo que el medio con el que trabaja hace coberturas de mucho nivel. En cuanto al periodismo de conflicto o de posconflicto, el periodista que me ha marcado, porque le he visto de cerca y he podido ver cómo trabaja, es Javier Espinosa. Por otra parte, Manuel Leguineche es uno de los grandes referentes de nuestra generación.

«El secuestro y el coche bomba son las dos cosas que más miedo me dan de este trabajo», comenta. ¿Cómo es la vida de alguien que se encuentra siempre en las zonas más conflictivas del mundo, que persigue el conflicto?

No estoy todo el día en tensión, ni mucho menos, pero sí que es cierto que en determinados recorridos y en lugares concretos hay que andar con cuidado. La vida depende mucho de cómo esté el conflicto en cada momento. A mí no me gusta la sensación de relajación. Ahora, por ejemplo, vas a Mosul, cuando han pasado tres meses desde el final de los combates, y parece que todo está en calma, que todo está bien, y acabas confiándote. Eso no me gusta. Prefiero estar siempre muy atento en estos lugares que han sido tan calientes.

Reside en Jerusalén y desde ahí cubre toda la zona. ¿Podría explicar un poco más su método de trabajo?

Planificar suele resultar muy complicado, a no ser que haya unas fechas ya establecidas, como ha ocurrido, por ejemplo, con el referéndum del Kurdistán. De lo contrario, la agenda depende de muchos factores. En el caso del Estado Islámico, todo ha dependido de cómo se estaban desarrollando las ofensivas. Además, lo que sucede en Europa también influye mucho. Con el brexit, las elecciones francesas o lo que está ocurriendo en Cataluña, es mejor quedarse en casa, porque va a ser muy difícil colocar los temas. La planificación, por tanto, es un cúmulo de cosas a tener en cuenta; no depende únicamente de lo que sucede en la región.

En mi caso, procuro que el abanico de países que cubro sea lo más amplio posible y lo que me interesa es regresar a los sitios. No me conformo con llegar y hacer un breaking news, sino que intento regresar después de un tiempo y ver cómo está la situación. Ahora, por ejemplo, he regresado a Mosul.

«Si oyes un tiro, no es para ti». Esta frase se puede leer unas cuantas veces a lo largo del libro. ¿Llega verdaderamente el momento en que uno se cree esto y anda más tranquilo por un lugar en conflicto?

(Suspira) Es la frase que la gente que más controla repite una y otra vez. Yo no lo tengo claro. No me considero un frontliner: no estoy siempre en primera línea, buscando los tiros. Si los hay, tampoco me escaqueo, pero no es algo que busque, como sí sucede con gente que trabaja sobre todo la imagen. Los fotógrafos y cámaras suelen estar mucho más en primera línea. Muchas veces, hay mejores historias en la retaguardia que en la línea de frente.

«Los civiles son siempre los que más pierden»

Oriente Medio, Oriente roto

En el libro, cuando hace un repaso de lo que vio en Tiro, asegura que en ocasiones cuesta comprender el sentido de la palabra «victoria». «¿Quién puede sentirse ganador después de una guerra?», se pregunta. ¿Quiénes son los que más pierden? ¿Todos lo hacen?

Los que más pierden siempre, sin duda alguna, son los civiles. Con todo el asunto del Estado Islámico, se está viendo que hay ciudades como Mosul, Raqqa, Kobane o Faluya, que aparecen y desaparecen del mapa. Los ejércitos de la coalición que lidera Estados Unidos venden las derrotas del Estado Islámico como una gran victoria en la lucha contra el terrorismo. Sin embargo, al ir a estos lugares, te das cuenta de que el precio que han pagado los civiles es inmenso. Es pura ruina. Es muy complicado que la vida vuelva a esos lugares, imposible. Las grandes víctimas son siempre los civiles.

«No se puede acabar con las ideas a bombazos». ¿Cree cada día más en esta frase?

Sí, lo tengo clarísimo. Es, de hecho, una de las pocas cosas que tengo claras. Además, en occidente existe la necesidad de encontrar un enemigo en unas siglas: ISIS, al-Qaeda, lostalibanes… Todo esto, sin darnos cuenta de que el auténtico enemigo cuando hablamos de este fenómeno, del radicalismo yihadista, es una forma de pensar. Y a base de arrasar ciudades, se puede acabar con los yihadistas de forma puntual, pero no con su ideología, que es el auténtico enemigo.

Confiesa en el libro que estuvo en el dormitorio de Gadafi y que se hizo con algunos álbumes de fotos familiares. ¿Tiene más trofeos tan preciados como esos?

Para todos los sitios en los que me ha tocado estar, poca cosa. No tengo demasiados trofeos. Guardo también otro reloj de Gadafi que me dio un abogado de su despacho, algunos retratos en madera de Stalin que me dieron en Georgia… Tengo cositas de Egipto de la época de Morsi. La mayoría de ellas son simbólicas; un pequeño museo de los horrores, como lo llamo yo. Mi mujer no me deja ni exhibirlo en casa, porque hay cosas que dan bastante miedo.

En el epílogo, comenta que mientras los periodistas llegan y se marchan, la gente se queda allí, que hay quienes solo quieren colgarse una medalla. Para los locales, son gente de paso. ¿Qué le gustaría que se dijera de todos sus años de trabajo?

La respuesta que está teniendo Oriente Medio, Oriente roto me encanta. Estoy asombrado por haber llegado a la cuarta edición en tan poco tiempo y por las críticas tan positivas que está recibiendo. Ese es el mayor agradecimiento que puedo recibir. Trabajo en la noticia del día a día, para prensa, televisión, radio, también en las redes sociales… Todo esto es muy efímero. Por primera vez tengo algo entre las manos, un producto hecho por Mikel Ayestaran, que es duradero o al que le va a costar más caducar. En la televisión, caducas al segundo de haber acabado. En el periódico, envuelven bocatas con tus noticias al día siguiente. Y qué decir de la radio. Es la primera vez que tengo algo que pesa entre las manos y que puedo defender ante la gente. La respuesta que estoy recibiendo es el mayor halago que se le puede hacer a un trabajo.

¿Cree que el trabajo de corresponsal está infravalorado?

No creo que esté infravalorado, sino mitificado. Los tiempos han cambiado en nuestro sector, como ha ocurrido en todos, como el local, el deportivo, el musical… Hemos vivido épocas doradas, pero ahora no estamos en una de ellas. También es cierto que existe mucha mitificación en torno al trabajo que yo hago. Pese a ser corresponsales de guerra y trabajar en zonas de conflicto, no estamos todo el día con el casco y el chaleco y metidos en trincheras. También vivimos y, de hecho, aquí, en Jerusalén, se vive muy bien. Existe una imagen del trabajo que hacemos, pero para mí es una rama más de nuestra profesión y yo la ejerzo con gusto.

«La frontera entre multimedia y multimierda es muy estrecha»

Ayestaran, cuando habla de mulimierda

¿Cómo se compagina ser freelance y trabajar en una zona de conflicto con la vida personal?

Freelance es simplemente un anglicismo que utilizamos para no decir que somos autónomos. Yo soy freelanceporque no tengo un contrato laboral con ninguna empresa. Me encantaría tenerlo. Lo firmaría si me lo pusieran encima de la mesa, pero no he tenido la oportunidad. Yo tengo otro tipo de vinculaciones, a través de colaboraciones, y estoy muy contento con mi figura de freelance, puesto que tengo dos medios con los que trabajo de forma muy estable y en muy buenas condiciones. En mi caso, no creo que hablar de freelance sea sinónimo de precariedad. Aun así, las condiciones que yo tengo son infinitamente peores que las de los compañeros que son trabajadores de plantilla de otros medios. Al final, todos nos tenemos que medir en la misma arena, competir, pero la desigualdad es inmensa.

Tomar notas, hacer fotos con el móvil, grabar el éxodo de civiles y desenredar el cable del micrófono para tener algunos cortes con el logo de la televisión. «La maldición de ser un periodista multimedia», la llama. ¿Es complicado ser freelance y tener que trabajar para tantos medios?

La frontera entre multimedia y multimierdaes muy estrecha. Cada uno tiene que conocer sus límites. Yo sé que puedo hacer noticias de entre minuto y minuto y medio para televisión. En cuanto a escribir, soy capaz de escribir cualquier cosa que me pongan delante. Es mi medio nativo, donde mejor me desenvuelvo. Con las radios también puedo hacer cosas, aunque para hacer reportajes se necesita más arte.

Es lo que nos ha tocado. En la actualidad, las nuevas tecnologías nos permiten trabajar en multimedia, algo impensable hace años. Esto tiene sus partes complicadas, menos gratas, pero para mí es un desafío y me ha ayudado mucho. El hecho de hacer vídeo, de tener que grabar imágenes, te empuja a ir a los sitios. Tienes que estar allí para grabarlo. Es una diferencia significativa con los compañeros de la prensa, que pueden quedarse en su hotel escribiendo.

Es un viajero empedernido y ya como periodista ha estado en infinidad de lugares. ¿Un buen periodista tiene que ser viajero?

Depende del tipo de periodismo que te guste. Si te gusta hacer lo que yo hago, el viaje es, lógicamente, una parte superimportante. Todo el tema de logística, de visados, de fronteras, de equipajes, me encanta. La producción de un viaje, sobre todo si es a una zona complicada, me fascina. Como siempre me he movido en el mundo del lowcost, todo lo que venga de más, bienvenido sea, pero si tengo que moverme con presupuestos muy bajos, no tengo problema. Para la gente que viene de arriba y tiene que abrocharse el cinturón es más duro. Los que siempre hemos estado en la gama media-baja nos encontramos cómodos en estas situaciones. Sea como sea, si se quiere ser un corresponsal, el viaje es imprescindible.

«Viajar a un lugar que te guste es el máster más rentable que se puede hacer»

Ayestaran, una más.jpg

Dejando el aspecto profesional a un lado, ¿cree que viajar da un poso especial para la vida?

Sí, sin duda alguna. Yo hice un máster y ahora que lo veo con perspectiva, me parece que el mejor máster que se puede hacer es invertir la pasta de ese curso en un viaje a una zona que realmente te gusta, enfocándolo como si quisieses quedarte ahí o cerca. Es el máster más rentable que se puede hacer: un viaje a una zona en la que soñarías con trabajar.

¿Qué espera que le depare el futuro?

Yo valgo lo que vale mi última cobertura y nada más. Ahora mismo, la del Kurdistán y Mosul. Vivo el día a día. Ahora, más bien, voy de curso en curso, por mis hijos. Me encantaría que acabaran este curso aquí y que hicieran por lo menos uno más en Jerusalén. Sin embargo, no está en mi mano. Tampoco me importaría cambiar de zona del mundo y poder trabajar en otra parte, aprender más cosas… Estoy abierto a lo que sea. Por encima de todo, quiero que el futuro me depare trabajo.

Por último, si tuviese la posibilidad de escribirle una carta al Mikel que va a partir hacia Bam, que va a dejar la redacción para ir en busca de las noticias a lo largo de todo el globo, ¿qué consejo le daría?

Hubo dos personas que me dieron muy buenos consejos. Uno fue José Gabriel Múgica, director del El Diario Vasco, el primero en hablarme de la multimedia. Me dijo: “Oye, si realmente quieres dejar el periódico y lograr algo en el periodismo de hoy en día, tienes que hacer multimedia”. El otro fue Jaime Otamendi, el director de informativos de la ETB, que me dijo que era importante que fuera transversal, que no dependiera de un solo medio. Me comentó que estaría bien que tuviera diferentes clientes de diferentes tendencias. Esas son dos máximas que he mantenido hasta ahora, el multimedia y la transversalidad, y me ha ido muy bien. Echando la vista atrás, a ese Mikel Ayestaran joven le diría lo mismo: en primer lugar, que sea una persona capaz de trabajar en diferentes formatos; por otro lado, que abra los ojos y sea transversal, que no dependa de un solo medio y que su sustento tenga varias patas, algo que es fundamental. Por último, le daría un tercer consejo, que es de mi padre, y es que sea absolutamente autosuficiente: ser capaz de hacerlo tú todo.

 


Las fotografías se han tomado, en este orden, de ara.cat, su perfil de Twitter, Planeta de Libros, eitb.eus y nuevamente de ara.cat.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s