Zigor Aldama: «El periodismo requiere corredores de maratón, no de 100 metros»

Tenía 19 años cuando se mudó a China por amor. Pese a estudiar la carrera de ingeniería industrial, comenzó a cubrir la actualidad del gigante asiático y a día de hoy es uno de los corresponsales de referencia en el Extremo Oriente. Zigor Aldama (Bilbao, 1980) publicó sus primeros reportajes en el diario DEIA y en la actualidad trabaja como freelance y para El País y el grupo Vocento, entre otros. Asimismo, ha publicado piezas en medios internacionales de la talla de Al-Jazeera, The Telegraph y CNN. Varios premios avalan su trayectoria y es considerado uno de los periodistas vascos más influyentes en Internet. Tras 18 años en China, Aldama, que parte cada día de Shanghái en busca de la noticia, se plantea regresar a casa e iniciar una nueva etapa de su carrera profesional.

Zigor Aldama

¿Cómo es el trabajo en un país tan grande y tan poblado como la República Popular China? ¿Dificulta esto la labor del periodista?

Es una realidad muy compleja y, al ser un sitio tan grande y tan diverso, es difícil ofrecer una imagen lo más amplia posible del país. Además, es complicado por la censura que existe y las trabas que nos ponen las autoridades a la hora de trabajar. Esta censura la sufren sobre todo los periodistas chinos. Los extranjeros, por el contrario, tenemos total libertad para escribir lo que nos apetezca. Sin embargo, nos afecta porque es muy difícil tener acceso a las fuentes oficiales y porque el Gobierno ha pintado al periodista extranjero como a poco menos que el diablo. Por esta razón es muy complicado que la gente de a pie hable con uno de manera tranquila y relajada. Esto está relacionado íntimamente con la censura, pero no es exactamente la censura.

Al ser freelance, ha de ocuparse de la pieza en su conjunto, desde el trabajo de campo hasta las fotografías. ¿Llena más trabajar de esta manera?

Es, sin duda, lo que a mí me gusta. Yo soy freelance, pero tengo un contrato con el grupo Vocento, de forma que tengo cubiertos unos mínimos económicos. Me gusta esta forma de trabajar, ya que me da mucha libertad. Al mismo tiempo es muy jodida, porque no sé si voy a llegar a fin de mes ni con cuánto ni si voy a poder tener recursos para el próximo viaje o para cierto tipo de reportajes. Como periodista, soy yo quien fija el riesgo: yo me gasto el dinero y dedico mi tiempo a un reportaje que no sé si voy a poder vender.

Entonces, piensa y elabora un reportaje y después intenta venderlo.

Sí, esa es mi forma de trabajar en la mayoría de las ocasiones. No me gusta proponer la publicación de un reportaje antes de hacerlo porque no sé cuál va a ser el resultado. Hay ocasiones en las que tengo una idea concreta de lo que quiero llevar a cabo y luego no se materializa, por lo que prefiero esperar a tenerlo y no quedar mal. Aun así, es una relación bidireccional: en la mayoría de las ocasiones hago el trabajo y luego lo propongo, pero hay veces en que el grupo Vocento o el diario El País me encargan reportajes que ellos consideran interesantes. En ese caso, es el periódico el que corre con los gastos que puedan derivarse del reportaje.

¿Podría describir un poco más su método de trabajo?

Los corresponsales, en general, hacemos diferentes tipos de piezas. Por un lado está la cobertura de la actualidad diaria, que es posiblemente lo que menos nos gusta, pero, al mismo tiempo, lo que nos da de comer. Consiste en estar al día de lo que sucede en nuestra zona geográfica y escribir la propia noticia intentando añadir algo que no venga ya de las agencias. Esto se conoce como refrito, porque tomamos información de aquí y de allá, de agencias y medios locales, y añadimos algo de nuestra cosecha. Este trabajo comienza temprano por la mañana, porque hay que leer todo lo que ha sucedido y buscar las entrevistas más apropiadas para cubrir un tema concreto.

¿Y qué es lo que más le gusta?

El trabajo que más me gusta a mí es el de los grandes reportajes. Son temas que se tratan en profundidad y durante un periodo largo de tiempo; en mi caso, suele ser de dos semanas a un mes. Estos reportajes conllevan una gran preproducción, durante la que se buscan las fuentes y la manera de llegar a los sitios. Después, una vez se llega al terreno, hay que estar abierto a cambiar la visión que se pueda tener. En muchas ocasiones, la idea preconcebida de por dónde va a discurrir el reportaje se aleja mucho de la realidad. Hay que ser elástico, flexible. No me gusta eso de que la realidad no te estropee un buen titular; la realidad te puede fastidiar una buena noticia, pero te puede dar también muchas otras no tan llamativas pero representativas de lo que sucede en una sociedad. Y para eso estoy yo aquí, en China y Asia, para dibujar una imagen lo más completa posible de lo que sucede en estas sociedades desde todas las perspectivas posibles salvo el deporte.

«La fotografía es un lenguaje que me ha atraído siempre»

Zigor Aldama 2

En más de una ocasión ha recalcado la importancia de la fotografía y acostumbra a firmar las que acompañan a sus textos. ¿Por qué la considera tan importante?

La fotografía es un lenguaje, una forma de comunicar que me ha atraído siempre. Fue lo que primero me llevó a contar historias. La fotografía, además, nos quita la pereza que tenemos de salir. Siempre es más cómodo hacer unas llamadas y enviar unos correos electrónicos que plantarte en el lugar en que está la noticia, pero las fotografías no se pueden hacer por teléfono o e-mail. A mí me impulsa a ir a los sitios y a disfrutarlos o sufrirlos de una manera mucho más profunda. La fotografía ayuda a tener una mirada más sosegada, porque es una labor que requiere mucho más tiempo que recabar unos datos o hacer una entrevista.

¿Es positiva para el periodismo la posibilidad de incluir más y más contenidos multimedia?

Siempre y cuando se haga con un cierto nivel de calidad, sí. Sin embargo, algunos medios están intentando que sea el propio redactor el que haga sus propias fotografías para abaratar costes y esto provoca que la calidad gráfica sea en ocasiones pésima. No es de recibo que un solo periodista tenga que cargar con una cámara de vídeo, una grabadora para la radio y una cámara de fotos y además ocuparse de redactar los textos. Así solo se va a conseguir matar tanto al periodista como al periodismo.

Yo me considero un periodista completo: soy un fotógrafo regular y un escritor también regular. No soy bueno ni en lo uno ni en lo otro, ya que si no, me dedicaría exclusivamente a tomar fotografías y escribir libros. En el periodismo, si eres capaz de hacer ambas cosas medianamente bien, se puede realizar un buen trabajo. No obstante, para eso hacen falta tanto unas nociones de fotografía como un equipamiento adecuado, algo más que un móvil. Si esto se cumple, las nuevas tecnologías e Internet nos permiten hacer un periodismo mucho más profundo y atractivo y buscar nuevas narrativas y formas de contar historias y todo esto es muy interesante.

¿Podría la globalización abocar a la profesión del corresponsal a la desaparición? ¿Qué diría en defensa de esta figura?

El corresponsal lleva ya cierto tiempo en peligro de extinción. No ocurre así con la figura del periodista que vive en el extranjero. Ya no existe la concepción romántica del corresponsal como un periodista que vive fuera y muy bien. Sin embargo, la globalización nos debería llevar a todo lo contrario, a comprender mucho mejor el mundo en el que vivimos. Lo que ocurre en China nos puede parecer muy lejano, pero cada vez nos afecta más. La figura del periodista que lleva mucho tiempo afincado en un lugar y que conoce y puede ofrecer una visión profunda de ese sitio y huir de la superficialidad es más imprescindible que nunca. Desafortunadamente, gran parte de los medios de comunicación no lo ve así y prefiere tomar la información de las agencias.

¿Es importante para cualquier periodista ser viajero?

Más que viajero, hay que ser curioso. En ocasiones, la figura del corresponsal está en un pedestal que no merece. El hecho de vivir en China no me hace mejor periodista que el que está en su pueblo cubriendo cualquier suceso local. Aunque viajar nos dota de una visión mucho más abierta de lo que es el mundo y nos coloca en nuestro lugar, lo que al final importa es ser curioso. Como decía, vivimos en un mundo globalizado y todo nos afecta a todos, por lo que deberíamos conocerlo. Para conseguir esto, lo mejor es viajar. Y no en un grupo organizado, aislado dentro de una burbujita, sino conociendo sobre el terreno diferentes realidades. Esto es esencial ya no solo como periodistas, sino también como personas.

¿Quiénes son o han sido sus referentes periodísticos?

No tengo unos referentes claros, no hay nadie a quien tenga endiosado. Quedaría bien que fueran Kapuściński y periodistas así, pero no es mi caso. Creo que hay muy buenos periodistas que son muy poco conocidos y también los hay regulares que de vez en cuando realizan trabajos muy buenos. Se ven buenas piezas en todos los medios de comunicación, pero no tengo un referente. Destacaría la labor de Javier Espinosa, el corresponsal del El Mundo en China, un periodista muy completo, que se ha tomado su trabajo muy en serio, y que, pese a llevar poco tiempo en Asia, me gusta mucho. Se ha curtido haciendo periodismo de guerra y sabe patear la calle. En España, en el ámbito del periodismo local, también tenemos periodistas que hacen un muy buen trabajo. Me gusta Ander Izagirre, un periodista muy literario, con magníficas dotes para la escritura, que elabora unos reportajes de mucha calidad.

«La nuestra es una profesión muy sacrificada»

Zigor Aldama 3

Si pudiera escribirle una carta a un joven Zigor, ¿qué le aconsejaría y de que le advertiría?

Hay que tener en cuenta que, tal y como están las cosas, la nuestra es una profesión muy sacrificada. Antes que un buen fotógrafo o un buen escritor hay que ser sacrificado y saber vivir con muy poco. Tendría que ser consciente de que va a trabajar y le van a pagar como un perro y que no va a tener horario. Es una profesión que demanda mucho de las personas. Requiere corredores de maratón, no de 100  metros. No hace falta un Usain Bolt. Hay que sentir de verdad el periodismo, querer hacerlo y tener cierto talento. Este no es innato, se aprende. El periodismo no es literatura, es mucho más técnico de lo que parece, y eso se puede aprender. Seguir una pasión es lo más importante, como en cualquier profesión. Yo desalentaría a todos aquellos que no creen en el periodismo. Si no es tu vocación y no crees en el resultado, es demasiado sacrificado. Los que tengan esa vocación saldrán adelante y serán felices con lo que hacen. Esa felicidad es la mayor recompensa.

¿Qué espera que le depare el futuro en el ámbito profesional?

En este momento no sé muy bien qué voy a hacer. Llevo 18 años en China y me estoy planteando volver a casa, a Euskadi, por lo que no sé qué esperar del futuro. Comencé en el Deia, un periódico regional pequeño, he ido creciendo y con la crisis económica he logrado que los medios internacionales me presten más atención y he comenzado a publicar fuera de España. Este ha sido un salto importante para mí. A partir de ahora no sé qué va a suceder. Mi sueño no es llegar a The New York Times ni nada parecido, no soy de endiosar a nada ni a nadie. Me gustaría poder regresar a mi casa, a Bilbao, y hacer un periodismo como el que he estado haciendo durante años en China. Hay muchísimas cosas e historias interesantes que contar. El periodismo puede hacer mucho aquí: tenemos corrupción a espuertas, historias que se deberían contar y no se cuentan… Sin embargo, mientras que en China he sido muy libre, porque los intereses que hay allí no son tan poderosos, no sé si será posible desarrollar la misma labor en Euskadi. Puede que tenga mucha experiencia como periodista, pero no he trabajado nunca aquí y no he hecho el periodismo local por el que se supone que se ha de empezar. Podría ser un reto especial para mí.

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