Condenados a aguantarnos

 

Postureo por aquí, egocentrismo por allá. A base de egoísmo y apariencia, hemos conseguido que el beneficio personal sea el oficio común. Vivimos en un planeta egocentrista, repleto de rivalidad, donde el propio lucro es el objetivo por excelencia. Todo el mundo quiere que te vaya bien, pero no mejor que a ellos. Está muy bien que las grandes empresas busquen innovaciones para mejorar nuestro día a día, incluso resulta creíble que alguien que opta a la presidencia de un país se vuelque en ayudar al pueblo con promesas idílicas, pero lo cierto es que, detrás de todo eso, se esconde el verdadero motivo por el que la gran mayoría de los seres humanos vive, o mejor dicho, se desvive; el dinero.

Resulta abrumador que sea un deseo en boca de todos, pero más aún, que se asocie con el éxito. Creo que es absurdo explicar qué es y para qué sirve, pero es necesario recalcar que, lo que antes era un mero método de intercambio, ahora se ha convertido, para muchos, en la llave maestra del éxito. Y teniendo en cuenta su demanda, el dinero es la panacea. El primer paso es afrontar que hay personas que darían lo que fuera por obtener dinero. Después, solo queda rezar para que nuestra mente no sea arrastrada por la marea humana a pensar de la misma forma. Todos sabemos que, en esta sociedad capitalista, ser rico está sobrevalorado; incluso hay personas que basan su felicidad en conseguir dinero. Quizás no soy nadie para decirlo, pero todo el mundo quiere dinero, eso no te hace especial.

Estar en una situación tan desfavorable como para hacer de la calle tu hogar y de la boina tu mejor amigo, tiene que ser desolador. Para muchos, también lo sería pertenecer a una tribu de vete a saber dónde formada por analfabetos. Pero, ¿qué pensaría el anciano de la aldea si se entera de que un multimillonario racista ha sido elegido presidente del país más importante del mundo? ¿Creería que estamos todos locos? Posiblemente. Pero con toda seguridad, continuaría con su día a día como si nada hubiera pasado. Quizás es hora de darse cuenta de que la mayor parte del planeta está ocupada por ojos que solo miran a su ombligo. Con esto no señalo a nadie, y a todos a la vez.

Basta con leer las noticias y acompañar el café con un déjà vu provocado por otro caso de corrupción política. O con ahondar en la sensación que te invade al pensar que eres infiel a tu pareja. No hace falta nada más que hablarte del sin-techo que se aloja en el túnel de al lado de tu casa para darte cuenta de que ni siquiera sabías de su existencia. Ya lo decía el anuncio, “compartir, es vivir”; pero qué más da, si eso no está de moda. Lo que está claro es que el ser humano es una auténtica caja de sorpresas. Y como en todo, hay casos aparte, pero ésta es la cruda realidad. Realidad que protagonizan tres cosas; salud, dinero y amor. O eso dicen. Y también que estos tres pilares tienen su peso en oro; pero cuidado, no nos obsesionemos, no vaya a ser que descuidemos el verdadero tesoro.

Quién sabe si realmente existe un ser todopoderoso que está en los cielos, o si provenimos de un origen tan remoto como el Big bang. Quizás, la vida no es más que un show de lo más parecido al de Truman, pero lo que está claro es que, el ser humano, nunca dejará de sorprender, de evolucionar. A pesar de ello, la vida es un lujo del que nadie saldrá vivo, y ya que no queda otra que convivir en el mismo planeta, por favor, respeta.

No importa un ápice quién seas o el tiempo que lleves residiendo en la Tierra. Tampoco influye que seas de Trump o de Clinton; incluso de Rajoy. Me da igual tu orientación sexual, tu color de piel o tu afán por el dinero. Sigues siendo humano. Eres de entender; de ayudar y aguantar. De hacer tuyos los problemas ajenos, y de celebrar victorias como si llevaran tu firma. Te guías por la razón, pero también por la tentación. Opinas, piensas; sueñas. Eres todo un océano de misterios. Un iceberg del que solo sabemos una pequeña parte, y que asustaría conocerlo en su totalidad. Te guste o no, así eres; así somos. Y es que, al final, seamos quienes seamos, vengamos de donde vengamos, estamos condenados a aguantarnos.

Un comentario en “Condenados a aguantarnos

  1. Hola, en tus acertadas reflexiones hay una falta de conexión con la parte espiritual de la vida. Búscala y la encontrarás. No se trata de buscar hacia afuera, busca dentro y sigue tu instinto. Verás lo que hay tras el juego social. Lo espiritual también tiene muchas caras…descúbrelas…

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