¿Qué me enseñó “Por quién doblan las campanas”?

La que para muchos es la mejor novela de Ernest Hemingway, es, sin lugar a dudas, un gran documento sobre la guerra civil española. Se puede aprender mucho sobre el mayor conflicto bélico ocurrido en la península. El protagonista, un estadounidense sin firmes convicciones políticas, aunque gran admirador y defensor de la República, cruza las líneas fascistas para cumplir las órdenes de explotar un puente clave para la ofensiva que se está preparando.

Para ello, Robert Jordan, que así se llama, pasa varios días con un grupo de guerrilleros analfabetos pero leales al gobierno legítimo. Éstos viven en una cueva en las montañas, muy cerca de la vigilancia fascista, pero sin ser detectados. La llegada de Jordan es tomada como el final de su más o menos tranquila vida en esa cueva, sabiendo que la misión encomendada al norteamericano suponía el fin de su discreta y secreta existencia en esas montañas. Algunos lo aceptan, deseosos de entrar en combate, otros resignados.

Pablo, el teórico líder de la guerrilla, no quiere que el extranjero les cambie su cómoda vida. Pilar, que es la verdadera jefa de la banda, pues Pablo hace tiempo que perdió el valor y la sed de sangre con la que comenzó la guerra, congenia inmediatamente con Robert, al que llama “el inglés”. Tanto es así que empuja a los brazos de éste a María, una joven torturada y violada por los fascistas por ser la hija de un alcalde de pueblo republicano, que se encuentra en la cueva porque en la mayor misión cometida por la guerrilla, el asalto a un tren nacional, ella es rescatada por Pilar y los demás. Robert se enamora inmediatamente de ella y pasan las noches en su saco de dormir.

Quizá lo más interesante del libro, en mi opinión, aparte del maravilloso y exacto marco que Hemingway recrea sobre la guerra civil, es la relación entre Robert y María. El protagonista sabe que es muy difícil escapar vivos de las montañas tras la destrucción del puente. Está convencido de hacerlo, pero quiere pasar su vida al lado de la joven española, sabiendo que si vuela el puente será complicado.

Por ello, lo mejor del libro para mí son los diálogos interiores de Robert en los que se autoconvence de vivir el momento con María, por muy corto que sea. Una vida al lado de ella es lo que él quiere. Según sus pensamientos, una vida pueden ser tres días o sesenta años, pues se puede vivir lo mismo y con la misma intensidad en esos diferentes intervalos de tiempo si se quiere. Una vida entera no tiene porqué ser tan larga.

Él se siente afortunado de vivir un amor tan grande, como nunca lo ha vivido, convencido como está de que no todo el mundo tiene la suerte de vivir algo parecido. El tiempo no es más que algo relativo, lo importante es la fuerza con la que se vive.

Sin lugar a dudas, es el mensaje y las escenas del libro con las que me quedo. Hemingway crea unos diálogos interiores en los cuales se muestra una forma de vivir el momento sin preocuparse del futuro que todo el mundo debería leer para reflexionar.

En conclusión, este libro es muy recomendable para todos los interesados en la guerra civil española y en la vida de los guerrilleros durante ésta, pero también en todos los interesados en leer una historia de amor de toda una vida concentrada en unas pocas noches.

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