Ya iba siendo hora

Aviso desde el principio: voy a ir a contracorriente, como siempre. Estos últimos días las páginas de la prensa deportiva se están llenando de elogios a la figura de Alberto Contador, que ha decidido retirarse al finalizar esta edición de la Vuelta a España. Y no puede ser menos, puesto que durante estas últimas tres semanas no se ha dejado ni una gota de gasolina en el tanque y ha atacado en prácticamente todas las etapas, teniendo entre ceja y ceja un único objetivo: alcanzar el podio de Madrid y retirarse de la manera más digna posible. Es más, su victoria en El Angliru me pareció bastante emocionante, propia de un guion de película. En todas las entrevistas que ha concedido a los medios de comunicación ha insistido en que si se retiraba ahora es porque quería que se recordara que se retiró cuando estaba en plenitud. Pero… ¿Está en lo cierto?

Vaya por delante que no soy, ni mucho menos, el mayor admirador de Contador sobre la faz de la tierra. Respeto su palmarés, la manera en la que ganó sus dos primeros Tours y su primera Vuelta a España, cómo ganó la Vuelta de 2012 sorprendiendo a sus rivales en Fuente Dé, sus ataques con más corazón que cabeza -cada vez más atípicos en este ciclismo de control al que nos acostumbra Sky últimamente-, pero lo que más he admirado de él es que haya logrado todo esto tras sufrir un íctus cuando estaba empezando su carrera.

Toda esta admiración que sentía por él se desvaneció cuando se confirmó su ya conocidísimo positivo por Clembuterol y la posterior campaña mediática para limpiar su imagen que realizaron TODOS Y CADA UNO de los medios de comunicación de este país. Recuerdo especialmente un episodio bastante bochornoso: Miguel Ángel Revilla, el cuñado supremo, en una de sus numerosas intervenciones en televisión hablando sobre cosas que nada tienen que ver con Cantabria o la política en general, estaba sentado junto a Alberto Contador en La Noria. Con ese afán de protagonismo que tanto le gusta tener y tomando las riendas del programa, miró fijamente a los ojos al de Pinto y le preguntó, con ese tono de voz tan característico suyo:

– Alberrrrrrto… ¿Tú t’as dopau?

Contador contrarió su gesto, quizás sorprendido por la pregunta, o por el hedor mezcla de vino tinto, anchoa santoñesa y sobao Pasiego que desprenderá el aliento de Revilla, y respondió alto y claro: “No”.

En ese momento, Revilla, influenciado por el espíritu de Rappel o de Aramís Fuster le cogió de las manos y dijo:

– “Te creo. Te va a costar, pero te creo… Te va a costar, pero te creo… Estoy seguro de que todos los españoles te están creyendo en este momento”

Me hubiera gustado acompañar este momento con el vídeo de la intervención, pero Mediaset lo ha bloqueado por Copyright, o dicho de otra forma, les daba tanta vergüenza ajena que han preferido borrar todo rastro de estas imágenes. En cambio, AQUÍ podéis encontrar un artículo que resume bastante bien lo sucedido aquella noche.

He tenido la suerte de crecer en una zona donde el ciclismo se vive con mucha pasión, y en una familia con muchísima afición al ciclismo, por lo que he podido seguir desde que era pequeño un deporte tan digno y respetable como este. Porque el ciclismo, como tal, es un deporte digno, y los indignos son aquellos que hacen trampas para ganar. Y uno de ellos, nos guste o no, es Alberto Contador, y hay una sanción en firme de la UCI que así lo ratifica.

Vale… Que 50 picogramos por milímetro es una cantidad ínfima, pero al fin y al cabo, la UCI lo considera punible, ¿no? Si no, no hubiera habido castigo. En mi opinión, si te imponen un castigo por haber hecho trampas, has de acatarlo, aunque tú creas que es injusto. Y Contador lo acató, de acuerdo, pero, como decía antes, con una campaña de limpieza de su imagen por parte de la prensa que me resultó incluso vomitiva. Porque en este país siempre se critica a Francia y las campañas que hace la prensa insinuando que nuestros mejores deportistas se dopan (campañas que en mi opinión son deplorables y que se asemejan a la pataleta de un niño pequeño), pero cuando un deportista exitoso nacido en nuestro país, lo recalco, nacido en nuestro país -inolvidable cómo el medallista olímpico “Juanito” Müllegg se convirtió en Johann cuando dio positivo por dopaje- siempre se intenta quitar hierro al asunto con frases como “tenemos que esperar al contra-análisis…”, y si finalmente se confirma el positivo, “bueno… Pero habría que ver cómo iban el resto de rivales”.

Ese doble rasero es lo que más me ha molestado siempre de la prensa de este país. Porque se demoniza a Ullrich, Pantani o Vinokourov -y de manera completamente justificada, por supuesto- pero cuando Contador dio positivo y Valverde se vio implicado en la Operación Puerto, se les defendió a ultranza y se crearon ridículas teorías de la conspiración que avergonzarían a Iker Jiménez, en lugar de admitir que dos deportistas tan importantes habían cometido errores.

Es innegable que aquella sanción cambió la carrera de Contador por completo, porque desde entonces, su mejor puesto en el Tour de Francia fue el 4º puesto que consiguió en 2013, con abandonos en las ediciones de 2014 y 2016 y sin haber ganado ninguna etapa en la ronda gala, si bien consiguió una Vuelta a España (2014) y un Giro de Italia (2015), que no son poca cosa, por supuesto, pero en el Tour de Francia, el momento cumbre cada temporada, su rendimiento dejaba bastante que desear.

Los espectadores veníamos vislumbrando el declive de Contador ya desde entonces, y de manera cada vez más intensa en los últimos años, pero cada mes de junio la prensa hablaba de que Contador llegaba con muchísimas opciones de ganar el Tour de Francia, pero cuando comenzaba a dar pedales observábamos que se descolgaba del grupo de favoritos a las primeras de cambio o que se caía de una manera completamente absurda no solo bajando un puerto, sino en cualquier etapa ratonera y llena de trampas que a la organización le gusta colocar en la primera semana de competición.

Con todo esto, lo único que quiero decir es que ya iba siendo hora de que Alberto Contador se retirara, porque desde hace varios años que no se vislumbraba ese buen momento del que él y la prensa tanto hablaban. Y esto mismo podría aplicarse también a otros deportistas como Juan Carlos Navarro, Iker Casillas y, en menor medida, Andrés Iniesta, los cuáles están en franca decadencia desde hace varios años, pero cuentan un apoyo brutal de un sector de la prensa que está bastante ciega y no ve la realidad.

Juan Carlos Navarro se lesiona cada poco, no tiene la magia y la “chispa” en los dedos que tenía en su mejor momento; Casillas está jugando bien en la todopoderosa liga portuguesa, pero el nivel que mostró en sus últimos años en el Real Madrid era bastante malo. Con buenas paradas de vez en cuando, sí, pero con errores de bulto que le acababan costando partidos al Real Madrid. E Iniesta está jugando relativamente bien con la selección, pero en el Barça se lesiona cada poco, juega cada vez menos, y ya no es tan peligroso y determinante como antes.

Y admitir esto no significa que no reconozca que Juan Carlos Navarro haya sido el exterior más talentoso y descarado de la historia de nuestro baloncesto, que Iker Casillas haya sido el mejor portero de la historia de España y del Real Madrid y que Iniesta ha sido (y todavía es) un jugador con un talento increíble. Y sí, gracias a él se ganó el Mundial. Pero habría que saber decirles a estos deportistas -y a algún otro- que tienen que ir pensando en retirarse, y esto no debería de significar que “no se le respeta, con todo lo que nos ha dado”, ni mucho menos.

Es más, incluso me parecería más respetuoso para este deportista que se le dosifique y que permita a los aficionados disfrutar con cuentagotas de la calidad que todavía atesoran, pero el principal problema de estos deportistas es que no saben admitir que su nivel no es el de antes y todavía creen que pueden ser útiles a sus respectivos equipos. Y ni los entrenadores ni los aficionados tienen el coraje necesario para decirles que ya no tienen el nivel necesario para ser útiles.

En otras palabras, y con una metáfora que espero que se entienda. Mi abuelo ha trabajado mucho y sacó a mi familia adelante. Ahora mismo, está jubilado y disfrutando de un merecido descanso después de haberse partido la espalda durante tantos años. Si ahora mismo él me dijese que quiere trabajar y que se ve capacitado… ¿No debería decirle que ya no está para esos trotes y que su momento ya pasó?… Pues los gestores de los clubs parecen no entenderlo.

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