“Qué bueno es y qué asco me da”

Cualquiera que haya hablado conmigo sobre prácticamente cualquier cosa habrá descubierto que tengo un sentido crítico muy agudo. O dicho de otra forma más sencilla: que no me suele gustar lo que parece que le gusta a todo el mundo. Y no solo no me gusta, también suelo criticarlo y reírme e ironizar sobre ello. ¿Puede ser que me gusta ir a contracorriente? ¿Puede ser que sea un gilipollas? Ni confirmo ni descarto ninguna de estas dos opciones.

Pero, también lo digo, en gran parte de esas críticas reside mi envidia y también algo de admiración. “¿Y por qué no admites que eso te gusta y así todo sería mucho más fácil?” os preguntaréis. Pues bien, os remito a las dos preguntas que he realizado más arriba.

En relación a esto, y como aclaración, he de aclarar también que una cosa es que no me guste algo o alguien, y otra muy distinta es admitir o reconocer que algo o alguien es muy bueno en lo suyo. Y admitirlo no implica necesariamente que sea fan de él, porque si esto fuera así, nadie seguiría a los equipos pequeños, por ejemplo. Es por eso, que en estos casos, siempre suelo decir: “Qué bueno es y qué asco me da”.

Lo digo por ejemplo cuando hablo sobre Leo Messi. No sé si será el mejor jugador de la historia -básicamente porque apenas he podido ver cosas de Pelé, Cruyff o Maradona, por ejemplo- pero no tengo dudas en decir que es el jugador más impredecible que he visto en mi vida (el “premio” al más espectacular se lo llevaría Ronaldinho posiblemente) y que es también el mejor jugador que mis ojos hayan visto. Es más, me da asco por lo bueno que es, porque apenas encuentro algún punto débil a su juego, porque es Goliath en el cuerpo de David… pero aún así, me gusta meterme con él y criticarle: decir  “anda, no sabía que había jugado, porque ni le he visto” cuando tiene un partido malo, o reírme de él cuando falla un penalti.

Y algo similar me pasa también con LeBron James. Es posiblemente uno de los jugadores que más repulsión me genera. De hecho, estos tres últimos años he ido a muerte con los Warriors en las finales; en parte, porque me gusta mucho su frenético estilo de juego, pero también para poder decir durante un año “Bueno… Pues parece que este año LeBron James tampoco va a ganar el anillo”. Pero insisto, eso no significa que no admire su liderazgo, su capacidad de ser importante y de no tener un partido malo, su derroche físico, la constante evolución en su juego… Simplemente no me cae bien.

Y podría poner un millón de ejemplos más: critico a Froome porque me aburre su dominio con mano de hierro en el Tour, llamo vendidos a un montón de bandas, como Metallica por ejemplo, porque sus primeros discos son auténticas obras maestras o no me río cuando veo alguna comedia -normalmente española- e intento fehacientemente que todo el que esté cerca mío sepa que dicha película es una mierda.

Pero como ya os he dicho anteriormente, detrás de todas aquellas críticas lo único que se esconde es, tal y como he dicho anteriormente, la envidia, porque al fin y al cabo, ¿Quién soy yo para criticar una película o una serie si mi máximo logro a nivel actoral ha sido hacer de ‘arbolito’ en las funciones del colegio?  ¿Critico a Metallica porque, en el fondo, siento una frustración enorme por ser incapaz de tocar dos acordes con algo de armonía cuando cojo una guitarra?

Y esto es aún más grave aún en lo referente al deporte. ¿Cuando critico a Messi me acuerdo de mi etapa como futbolista, donde era incapaz de regatear a una estatua y lo único que hacía era pegar a los delanteros rivales?  ¿Me da asco Froome porque siento frustración por haber aprendido a andar en bici a una edad tardía? Y lo que es peor aún, soy el mayor hater de LeBron James, pero me gustaría saber qué opinan de mi todos aquellos que hayan jugado conmigo a basket alguna vez. Porque sé que debe de frustrar bastante ver a un tío como yo, al que siempre le dicen “tú mejor quédate debajo de la canasta y coge rebotes”, intentando ser un Dirk Nowitzki de Hacendado. Porque lo admito, lo único que hago es tirar triples (lo de meterlos ya es otra cosa) e intentar imitar su reverso, con patético resultado.

Espero que este artículo sirva para aclarar que, el hecho de que critique algo, no significa que no lo respete. Lo repito en mayúsculas y en negrita, para que quede aún más claro: EL HECHO DE QUE CRITIQUE ALGO, NO SIGNIFICA QUE NO LO RESPETE. Al fin y al cabo, la línea que separa el amor del odio es muy fina, y para alguien como yo, es mucho más sencillo decir “te odio” que decir “te quiero”. Por eso, desde estas líneas hago un llamamiento a todo el que me lea: Criticar algo es la mejor manera de mostrar el respeto y la admiración que sientes por ello. Y si tuviera la oportunidad de conocer a cualquiera de las personas antes mencionadas, creo que se lo diría, como en el fragmento de Anchorman que tenéis aquí arriba -película que, por cierto, también recomiendo su visionado-.

Firmado: Un gilipollas al que le gusta ir contracorriente.

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