Te toca mover

Imagine estar en un lugar silencioso. El sudor recorre todos y cada uno de los poros de su piel. La temperatura en este árido clima supera los 50 ºC. Le cuesta respirar dentro de esta jaima elaborada de tejido bovino y atirantada con las deterioradas sogas de esparto que tantas veces le han amparado. En vista de lo sediento que se encuentra, salgamos al exterior en busca de algún líquido con el que pueda mojarse los labios. Recuerde que la arena está ardiendo, así que le sugiero que no se detenga demasiado. El sol, como no podría ser de otra manera, le da una calurosa bienvenida. Se encuentra en plena hamada (desierto de piedra) argelina. La arena, el cielo anaranjado y el imponente sol parecen haber acaparado toda su atención, pero si se fija encontrará un pequeño rebaño de cabras rumiando residuos. Hay algo más. ¡No está solo! Quítese la arena que tiene en los ojos y dese la vuelta. Unos niños acaban de salir corriendo de una de las muchas estructuras de barro y paja que hay aquí. ¿Puede alguien vivir ahí? Parece que la tienda de campaña no está tan mal después de todo.  ¿Ve aquella silueta en el horizonte? Es el camión cisterna que nos abastece de agua. Estoy seguro de que se le han hecho largos estos últimos quince días sin él. Lo más sorprendente de este lugar es que las duras condiciones no parecen haber hecho estragos en la población. Todo se encuentra en calma. Olvídese del agua. Está oscureciendo y es conveniente que volvamos a nuestra jaima. Sin electricidad, hemos de darnos prisa. De otro modo la arena se enfriará y no podremos recalentar el pan para cenar. Parece mentira que ya hayan pasado cuarenta y un años.

Deje de imaginar y pongámosle nombre a este lugar de una vez por todas. Se encontraba uno de los cinco campos de refugiados saharauis situados en la región sudoeste de Argelia, en la provincia de Tinduf. El comité español del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) estima que unos 165.000 refugiados saharauis, de los cuales el 60% son menores de 30 años, conviven allí. En estas condiciones crecieron Maimuna y Nora Hafed, dos jóvenes hermanas saharauis con sentimientos encontrados. Mientras que Maimuna interiorizó la cultura occidental a modo de analgésico, su hermana Nora mantiene intactas las costumbres árabes. Este asentado nacionalismo le borra los malos recuerdos de su infancia. Para ella era lo mejor porque tenía a sus familiares alrededor y pasaba horas con sus seres queridos. Quién diría que estaba hablando de un campo de refugiados.

 

Capítulo I: La libertad también sangra

Durante siglos, el Sáhara Occidental ha sido el hogar de tribus nómadas que recorrían libremente el desierto en busca de los mejores pastos para sus rebaños de camellos y cabras. La situación actual de la zona es una cuestión que se ha ido forjando desde el siglo XIX, en concreto desde la Conferencia de Berlín (1885). La efervescencia colonialista desembocó en la reunión de catorce potencias mundiales para repartirse África. Los españoles se las ingeniaron para hacerse con la soberanía del Sáhara Occidental, Guinea Ecuatorial y algunas zonas de Marruecos. Este reparto colonial acabó con la libertad del pueblo saharaui.

El Sáhara español se convierte en una de las zonas más desatendidas. No se ejerció una presencia colonial al uso, fue más bien una gestión nominal. Esto se debía al desconocimiento de los recursos naturales que tenía la zona. Aunque empezaron a explotarse los bancos de pesca, no fue hasta 1963 que se descubrió la presencia de una de las mayores fuentes mundiales de fosfatos, unas sales minerales que se extraen, procesan y diseminan sobre los campos para actuar como abono artificial y aumentar el tamaño de las cosechas.

 

Capítulo II: Camino amurallado hacia la Independencia

Tras la II Guerra Mundial (1945), se estableció un nuevo orden internacional que predicaba la libre determinación de los pueblos (Carta de la Naciones Unidas). Este sentimiento independentista acabó por llegar a África de la mano de intelectuales africanos educados en Europa como Kwame Nkrumah, quien lideró a Costa de Oro (actual Ghana) para ser uno de los primeros países africanos en lograr la independencia. Cuando este sentimiento nacionalista llegó al Sáhara, el Movimiento para la Liberación del Sáhara (MLS) fue duramente reprimido por la Legión Española en manifestaciones donde varios saharauis fueron asesinados. Con este panorama, la ONU presionó a España para que negociara la independencia saharaui mediante un referéndum. Algo que, como más tarde veremos, nunca se llegó a producir.

 

El rey alauí de entonces, Hassan II, reclamaba la soberanía marroquí del Sáhara Occidental, Mauritania y parte de Argelia y Mali.  Esta situación se extendió a lo largo del régimen franquista. En noviembre de 1975, cuando el dictador español estaba en las últimas, comenzó la célebre marcha verde. Aproximadamente 350.000 civiles y 25.000 militares marroquís avanzaron hasta traspasar 30 kilómetros la frontera establecida con el Sáhara español. La presión ejercida por este acto simbólico hizo que en ese mismo mes y con Juan Carlos de Borbón como jefe de Estado en funciones, España, Marruecos y Mauritania firmaran el Acuerdo Tripartito de Madrid. En él, España cedió la administración del Sáhara Occidental a Marruecos y Mauritania (los países limítrofes al norte y sur del Sáhara). Algo que era ilegal a nivel jurídico.

 

Las fuerzas aéreas marroquís bombardearon la zona y se hicieron con el control de la capital saharaui (El Aaiún). El pueblo saharaui en el exilio se asentó en torno a la ciudad de Bir Lehlu, donde fundaron la República Árabe Saharaui Democrática (RASD). Miles de refugiados llegaron al sudeste de Argelia, donde levantaron los campamentos de los que les he hablado.

 

El MLS en el exilio fue reprimido por militares españoles, provocando su radicalización, desembocando en el Frente Popular de Liberación de Saguía el Hamra y Río de Oro (Frente Polisario). Las reclamaciones independistas del Polisario (apoyadas por Argelia y la URSS) originaron una guerra con Marruecos y Mauritania (apoyados por Francia, EE.UU. y Reino Unido) en 1976. Recuerden que nos encontramos en plena guerra fría. Los hombres saharauis combatían en la guerra mientras sus mujeres lideraban el levantamiento y la creación de los campamentos. Mauritania acabó cediendo ante el Polisario y dejó el territorio que se le había adjudicado en los acuerdos de Madrid.

 

Con el tiempo, muchos países dieron su apoyo a la RASD reconociéndola como un país. De hecho, en 1984 entró en la Unión Africana. Marruecos, que había sido un gran impulsor de la misma, salió repentinamente.

 

La contienda se alarga 16 años hasta que se acuerda un alto el fuego bajo auspicios de la ONU. Con la guerra terminada, Marruecos controlaba un 80% del territorio saharaui donde se encuentran las zonas pobladas, las reservas de fosfatos y los caladeros pesqueros. El 20% restante es un inhóspito desierto controlado por el Frente Polisario. Por si esto fuera poco, Marruecos construyó un muro de más de 2.200 kilómetros que separa ambos territorios y se le conoce como “El muro de la vergüenza”. En esta barrera se encuentra uno de los campos de minas más grandes del mundo.

Situación actual del Sáhara Occiental. Fuente: Elaboración propia a partir de datos del diario La Nación de Costa Rica.

 

Capítulo III: La espera

La ONU comenzó con la creación de un censo para celebrar un referéndum en el que los saharauis pudiesen elegir su propio destino. Algo que ya se les prometió en el 74. “No creo que se celebre el referéndum. Los saharauis que viven en el territorio invadido por Marruecos son comprados con coches, casas y otros bienes materiales”, denuncia Maimuna con aires de tristeza.

 

Las constantes protestas marroquís ralentizaron el censo hasta el año 2000. Una vez presentado, Marruecos se negó a aceptarlo y comenzó a adoctrinar a su población en la cultura, lengua y costumbres saharauis para que entrasen en el censo y ganasen la votación. En la actualidad, todos los refugiados esperan frustrados el referéndum que parece no llegar nunca.

 

Las relaciones comerciales establecidas entre la UE y Marruecos se aprovechan de los recursos naturales saharauis y hacen la función de venda que no les deja ver el dolor del pueblo saharaui. Por eso nadie de la UE reconoce a la RASD como un país. Marruecos, ante la incredulidad de todos, acaba de volver a entrar en la UA.

 

Los saharauis, traicionados por España y por sus propios hermanos árabes, esperan la resolución de un problema que ya dura más de 41 años. “Conozco a refugiados sirios que nunca han escuchado hablar del Sáhara. No saben nada de nuestra situación, y eso que son nuestros hermanos”, declara Nora sin poder contener su desesperación.

 

Gracias a las ayudas humanitarias, Maimuna y Nora vinieron a España cuando eran niñas y ahora viven con su familia en la CAV. Como ellas, miles de saharauis son asfixiados por esta realidad. Una asfixia que parece no acabar nunca. “Recuerdo que mi abuela estaba atemorizada. Me decía que no hablase alto porque nos iban a escuchar. Yo la calmaba recordándola que estábamos en un campo de refugiados. Ella no temía por su vida, sino por la de sus hijos y nietos”, señala Nora con voz seca.

 

Querido lector, ya has visto lo que está pasando. Ahora es tú momento. El momento de compartir este contenido y ayudarnos a cambiar el mundo. Ahora más que nunca, te toca mover.

 

 

Bibliografía

“Campamentos de refugiados saharauis”, disponible en: https://goo.gl/f23flG

“Refugiados saharauis: 40 años de vida en los campos”, disponible en: https://goo.gl/GJhzXq

“El insaciable hambre mundial por los fosfatos”, disponible en: https://goo.gl/EpfYX2

“Marcha verde”, disponible en: https://goo.gl/4rkIYp

“Reconocimiento internacional de la República Árabe Saharaui Democrática”, disponible en: https://goo.gl/Ku8Wyb

“Frente Polisario”, disponible en: https://goo.gl/rPXqbI

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