La última hoja

La última hoja del otoño aún no ha caído pero, entonces, ¿cómo es que me siento tan desprotegida ante el fuerte y frío viento cortante? No tiene ni compasión ni dudas, simplemente golpea una y otra vez, en intentos potentes por derribarme.

Trato de mantenerme firme, de no tropezar con los cadáveres de otras tantas hojas que ha dejado por el camino. No le importa que el mundo sepa de su existencia, tampoco se esconde, y mientras, todas las hojas del árbol rezan por no ser la siguiente. Irremediablemente, sin embargo, una de ellas lo es. No importa el auxilio que pida, ni el ruido que haga al caer porque no ha sido la primera ni será la última y para el resto ya no tiene importancia.

La veo caer al húmedo suelo, ha empezado a llover. Cuando se empape lo suficiente junto a las demás hojas, no habrá remedio, estará sucia y embarrada, formando una masa sólida junto a todas las demás.

Miro horrorizada, como aquello sucede, una y otra vez hasta que, finalmente el viento amaina aparentemente satisfecho con el paisaje tan desolador que ha dejado a su alrededor. Sé que en algún momento, todo el horror volverá, pero no pasa nada. Otras hojas crecerán en la rama a la que estoy agarrada. Y, pensando en eso, refuerzo mi amarre.

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