Malú Gorostiaga: “El jazz es un idioma en el que se puede dar rienda suelta a todas las emociones”

La vocalista bilbaína denuncia la situación del género y de los artistas

 

Un arte con pocos adeptos de los de verdad. Un paraíso para quien lo interpreta y un placer para quien lo disfruta. El jazz en Bilbao es una gema que cada día es más difícil de encontrar. Para los amantes del género, procesionar el tercer sábado de cada mes a la lejana Hacería, en el barrio de Zorrotzaurre, no es suficiente. No satisface sus necesidades. De igual manera lo sufren los artistas que, en cuerpo y alma, se dedican a pulir tan codiciado brillante.

Malú Gorostiaga Garay es una vocalista más, pero una vocalista diferente. Cercana desde lo alto del escenario y cálida en sus interpretaciones. Para ella el jazz es, sencillamente, “como un veneno que vas asimilando gotita a gotita”. Explica, desde la pasión, por qué La Hacería es un lugar al que tiene “especial cariño” y lo que necesita para que, junto a la música en directo, pueda renovarse, ofrecerse y disfrutarse.

Pregunta. Es un cliché el decir que “es difícil triunfar en el mundo de la música”, como en tantos otros. ¿Cómo fue en su caso?

Respuesta. Mi caso comenzó muy de cría. Desde que acabé COU y selectividad me enteré de que en Barcelona había una escuela de música moderna y jazz, pionera porque seguía el modelo de la Berklee School of Music de Boston. Yo, que venía de escuchar con mis hermanos grupos como Blood sweat and tears, Pink Floyd, Santana y Carole King, aterricé allí y, desde luego, el jazz me pareció como de marcianos, porque no entendía nada, es un estilo de música completamente diferente. Pero es como si te van metiendo gotita a gotita un veneno que vas asimilando y que te hace entender ese idioma. Cuando llegué era todo locales con jazz en vivo, era una maravilla. Me enamoró y me quedé nueve años.

P. ¿Es especialmente difícil para las mujeres?

R. Yo creo que para mujeres y para hombres. Si eres músico tienes más posibilidades de acompañar a mucha gente, si eres un buen piano, guitarra batería, viento incluso… el tema de ser una mujer cantante es que tienes que ser tú la líder, la que lleve el repertorio.

P. Podemos mencionar a la ‘saxo’ tenor que actuó junto a ustedes el sábado…

R. Pues sí, Elsa ha sido un descubrimiento. Ver a una mujer tocar el saxo tiene un punto muy especial. Y luego como compañera, tener otra mujer compartiendo escenario siempre ayuda, te sientes respaldada.

P. ¿Cuánto es talento, cuánto trabajo y cuánto suerte?

R. Trabajo, mucho: ahora me doy cuenta de todo el recorrido que hice en los nueve años estudiando en Barcelona, viendo actuaciones en vivo, escuchando a muy buenos músicos haciendo solos… Te tienes que nutrir de todo ese lenguaje, de todos esos códigos de comunicación para poder entrar. ¿Suerte? En este país, no existe en este campo. Si hubiese estado en América, si hubiese nacido en los años treinta, si hubiera sido negra hubiese tenido más suerte probablemente (risas). Luego, el talento va unido a la vocación. Si hay algo que te mueve y que te hace vibrar, lógicamente hay algo en ti que se despierta y que se puede entrenar.

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Malú Gorostiaga, junto al resto de músicos, en su último concierto en La Hacería. Foto: hAcería Aretoa

 

P. Hablemos de la “crisis musical”. ¿Cuál es la situación que viven la música y en especial el jazz en la época actual? ¿Cuál es su causa?

R. Como para todo, tenemos que tener una cultura referente. En países como Inglaterra en los que el sindicato de músicos es muy fuerte hay una conciencia distinta: el público sabe apreciar el jazz, lo busca, lo aplaude, lo demanda. Quien no sabe es como quien no ve. Si tú no conoces un género, aunque sea por puntuales pinceladas en algún festival, queda en el olvido. También hay que decir que no es una cultura nuestra. Muchas veces me dicen que cante jazz en euskera, pero es como querer cantar flamenco en inglés. La fonética, la estética del sonido no se puede sacrificar en la música.

P. Como artista, ¿qué significa para ud. el jazz y qué lo distingue de los demás géneros?

R. No puedo ser imparcial porque para mí es como un veneno que va captando tu manera de sentir la música, de disfrutarla. Es un idioma en el que se puede dar rienda suelta a todas las emociones. La capacidad de poder improvisar te da una sensación de libertad impresionante. Es mi mundo de emociones, la fuente que alimenta mi alma y la libertad que me hace volar junto a los músicos. El jazz tiene muchas cualidades. Es maravilloso.

El jazz es un idioma en el que se puede dar rienda suelta a todas las emociones

Malú

P. En su último concierto en La Hacería puso voz a varios temas a los que se refirió con el nombre de ‘estándares del jazz’, como Dream a Little dream of me o Summertime. ¿Qué son? ¿Qué valor musical tienen y qué partido sacáis los artistas de estas piezas?

R. Un estándar es un clásico del jazz, como una biblia. Hay un montón de ellos, generalmente escritos por brillantes compositores americanos, aunque también brasileños. Es un código que te da la libertad de tocar con cualquier músico en cualquier momento, abordando un estándar conocido pero con base rítmica diferente. Te da la capacidad de transformar cada canción a tu gusto, a lo que se decida entre los músicos. También es interesantísimo todo lo que desarrolla este género a nivel armónico.

P. ¿Qué significa para ud. La Hacería y actuar allí? ¿Le tiene cariño?

R. Sí que le tengo un cariño especial. En el 99 ensayábamos allí, en una época en la que yo programaba un café teatro en Mazarredo que se llama Mistyk. Cada semana actuábamos con el grupo, cambiábamos el repertorio, venían artistas invitados a tocar… La Hacería era un lugar estupendo para ensayar, y lleva ya 20 años. Es un espacio con una acústica muy buena, equipado con una luz excelente para conciertos, sin escenario y muy cálido a su vez. Tiene su encanto también, porque es outsider, un poco underground: podrías pensar que estás en Europa o en Nueva York. El problema es que no está en el centro de Bilbao, porque la buena música para que llegue a la gente tiene que estar a pie de calle. Si la trasladásemos a un lugar céntrico de la ciudad y pusiésemos unos pintxos, estaría “petado”.

P. ¿Qué futuro le espera (a La Hacería)?

R. Parece que lo que está programado es que se tire. El tema es el precio del metro cuadrado: con el nuevo proyecto urbanístico tiene que rendir mucho más. Estamos hablando de algo intangible como la música, un espectáculo que es magia. Se hace, desaparece y no queda nada. Pero sí que enriquece partes del ser humano que es necesario alimentar.

P. El proyecto ZAWP (Zorrozaurre Art Work in Progress) nace en 2008 para afrontar, según explican en su web, “el ‘mientras tanto’ del plan urbanístico aprobado para los barrios de Ribera de Deusto y Zorrotzaurre”. ¿Estos movimientos, entre otros, pueden ayudar a la recuperación de la música o es necesario un empuje desde las instituciones?

R. Hace falta una regulación. La música tendría que ser una industria, algo que tuviera un rendimiento económico. Hablando con Joshua Edelman, un pianista maravilloso, me dijo que “la gente todavía no se ha dado cuenta de que es un punto que puede atraer”. Eso sí, hay que darle una infraestructura para que eso sea posible. La zona de Zorrotzaurre todavía es un poco cutre, porque está medio dejada. Sin embargo, está emergiendo un movimiento que es como el Soho, como si fueses a Inglaterra a ver Portobello. Me encantaría que fuera como un “Soho bilbaíno” en el que haya cosas diferentes, pero creo que es importante que se le diese un formato vendible.

La gente todavía no se ha dado cuenta de que (La Hacería) es un punto que puede atraer

Joshua Edelman, en una conversación con Malú

P. ¿Cuáles son sus próximos conciertos y proyectos?

R. Me encantaría hacer una web, necesito tener una tarjeta de presentación precisamente para buscar actuaciones, aunque sean pocas, pero buenas y bien pagadas. La próxima la tenemos el viernes 31 en la sala Barrainkua Aretoa, en la que estaré con otro pianista, un contrabajo, una batería, una guitarra y una voz. Es una sala en la que, aunque no esté adecuada para ello, se hacen conciertos.

P. ¿Echa de menos un equipamiento adecuado en las salas a las en las que actúa?

R. Sí, y que haya una regulación de cara a los ayuntamientos, que se promuevan los locales de música en vivo y en unas condiciones de seguridad social y un sueldo digno. En España y en Euskadi todavía queda mucho por hacer. Desde que volví en el 99 y hasta ahora, las cosas han cambiado poco. Eso sí, los músicos y todos hemos mejorado muchísimo. El jazz es como el buen vino. Con el tiempo adquiere otros matices, otros sabores… Con la edad, muchos cantantes han funcionado de maravilla, porque es cuando mejor puedes transmitir todo un rango de emociones que has vivido a lo largo de tu vida, y eso enriquece este arte.

P. Es decir, que el jazz en los últimos años en Euskadi ha mejorado considerablemente.

R. El jazz no, los músicos de jazz. Yo no vivo de esto, lógicamente, porque sería malvivir. Tengo una familia y tengo que mantenerla. Pero, ¿la gente que lo hace? Es impresionante lo poco que cobra y cómo sobrevive. Son maestros, son gente buenísima. Da mucha rabia. Se aprovechan de la pasión de los músicos por tocar.

Un comentario en “Malú Gorostiaga: “El jazz es un idioma en el que se puede dar rienda suelta a todas las emociones”

  1. Me ha encantado la entrevista,eres una GRANDE artista,compositora,cantante,mujer,amiga,madre…..te mereces todo lo mejor.Un beso enorme.
    Espero que estes disfrutando en Lanzarote

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