Se acerca mayo y…

Como estudiantes universitarios ya no queda casi nada para terminar el curso y afrontar la evaluación final: los exámenes de mayo. Un año académico más que supone estar más formados, haber adquirido muchos nuevos e interesantes conocimientos, tener más capacidad para poder desarrollar tu futura profesión… ¿o no?

El calendario nos marca que tenemos que estudiar y aprender aproximadamente diez asignaturas en ocho meses. Asignaturas que, si bien es cierto que algunas son complementarias para nuestra formación o prácticamente ajenas a nuestra titulación, otras son realmente importantes para nuestro futuro laboral. Pero el tiempo es el tiempo y en cuatro meses tienes que adquirir todos los conocimientos necesarios para lo que tendrás que aplicar el resto de tu vida -si es que consigues trabajo de lo que te has formado-.

A la brevedad y superficialidad de las asignaturas hay que añadirle que, muchas veces, el modelo empleado en la docencia no ayuda en absoluto a la comprensión o motivación del alumnado. Es más, en múltiples ocasiones ocurre el efecto contrario. Limitarse a leer lo escrito en una presentación proyectada en la pantalla; llegar a clase, sentarse, soltar la parrafada a copiar, levantarse e irse; comunicación nula entre los profesores de las prácticas y los de las magistrales; y un largo etcétera son comportamientos relativamente habituales entre el profesorado. Tanto que, cuando llega una profesora o profesor que se implica realmente en transmitir sus conocimientos y formarnos bien como profesionales, nos sorprende y se comenta entre nosotros.

Además, durante el curso hemos tenido que ir viendo cómo ilusionantes clases prácticas se quedaban en papel mojado por falta de material o tiempo, cómo ha reinado la confusión en cuanto a la recuperación o no de clases perdidas por días de fiesta o huelgas, cómo según a que asignaturas ha sido obligatoria la asistencia a las clases magistrales y otras ni siquiera se ha requerido en las prácticas o el abarrotamiento de ciertas aulas.

Así, entre todo este jaleo, llega mayo y, para más inri, las fechas parecen solaparse: entregas de trabajos, presentaciones, clases que imparten materia susceptible de entrar en examen hasta la semana anterior al periodo de evaluación, tener que estudiar -o, más bien, memorizar- los contenidos que supuestamente debemos dominar si queremos ser buenos profesionales…

Llegados a este punto solo quedan dudas: ¿estudiamos para aprender o para sacarnos la carrera? ¿Acaso no debería ser lo mismo? ¿Sabemos en qué tenemos que aplicar los contenidos que nos han sido impartidos? ¿Lo que hemos cursado es realmente lo que necesitaremos en un futuro cercano?

La sensación, desde luego, es de haber aprendido tres o cuatro cosas útiles y el resto de temario parece desvanecerse una vez terminado el curso.  Sensación de insatisfacción ante nuestra carrera.

Feliz mayo, compañeras y compañeros

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