El fútbol, mejor con barro

Archivos, documentales vintage o anécdotas que escuchas en la radio o a tu propia familia, para darte cuenta de que el fútbol moderno es una empresa donde la pelota, los aficionados o la historia del club, importan menos que un partido de bádminton para Deportes Cuatro.

Permítanme que barra para casa y recuerde tardes de fútbol en el viejo Atotxa. Da igual que tus colores no sean el blanco y azul de la Real Sociedad. Si eres aficionado al fútbol, siempre habrás escuchado hablar bien del antiguo feudo realista. Arconada, Celayeta, Górriz, Kortabarria, Idígoras, Satrus… con Alberto Ormaetxea en el banquillo. Una Real campeona (temporada 1980/81), y con unas gradas a rebosar durante toda la campaña en Atotxa.

Desgraciadamente, no viví ese fútbol de los 80, pero intento ponerme en la piel de aquellos aficionados que estaban siguiendo a su equipo por toda España, en campos como el mencionado Atotxa, pero también San Mamés, El Molinón, La Romareda… Difícil, ya que el fútbol moderno nos ha quitado ese ambiente especial, ese olor a barro, esas gradas sin asiento, ese fútbol del norte con una climatología gris, con el balón sin poder avanzar más de dos metros por el césped embarrado…

Podemos decir que eso era fútbol. Lo de hoy, un negocio entre ‘presidentes’ que manejan su club como si del Monopoly se tratara. Unos movimientos de billetes que ni la política española.

En los últimos años, la entrada de jeques y empresarios multimillonarios a la presidencia de los clubes ha traído más malo que bueno. En España, Piterman en el Alavés, Ali Syed en el Racing de Santander o Al Thani en el Málaga son ejemplos en los que un buen discurso con billetes morados en la cartera no siempre triunfa.

El caso más reciente es el del Valencia. Layhoon Chan, presidenta del club ché que dejará de serlo el próximo 1 de julio tras presentar su dimisión, está en el grupo de Peter Lim, empresario de Singapur, que decidió entrar en el club valenciano para invertir y llevar al equipo al éxito -supuestamente-.

Los aficionados lo recibieron con los brazos abiertos. Claro, en 2014 llegaba para rebajar la deuda del club y hacer al Valencia campeón en un plazo de “2-3 años”. Ahora, con uno de los equipos más caros de España, deambulando por la Primera División -en tierra de nadie- y con tres entrenadores en una sola temporada, el respetable de Mestalla ha pedido la dimisión de Layhoon y Lim.

Claro ejemplo de que estos empresarios son bien recibidos y terminan a patadas. Unas palabras que todos los aficionados querían escuchar (“campeones”, “dinero”, “adiós deuda”…) pero que termina siendo una farsa.

Inversores que derrochan el dinero del club -no de su bolsillo, claro- por pagar X millones por unos cuantos fichajes y se llevan comisiones del tanto por ciento. Salen ganando. Ellos, y sus empresas que están detrás de estos negocios. Creo que no hace falta recalcar que estos empresarios no buscan logros deportivos.

La Liga de Fútbol Profesional no se queda atrás. Aquella jugarreta de hacer pagar a las radios para retransmitir en los estadios -¡98€ por partido!- terminó con los Manolo Lama, Antonio Romero y compañía cantando los goles desde los estudios centrales de la emisora. Un año duró. Radio pura, sí señor. Gracias LFP.

10 partidos de Primera División, y 10 horarios diferentes. Fútbol los lunes y viernes a la noche, sábados y domingos al mediodía… ¿Dónde quedaron aquellas tardes de domingo, a las cinco de la tarde, pegado a la radio y escuchando los 5-6 partidos que coincidían en horario? Por no hablar de los inalámbricos a pie de campo, desaparecidos o ‘borrados’ por algunos mandatarios.

En un intento de trasladar el presente al pasado, no veo a jugadores como Cristiano Ronaldo manchándose en el barro o a Gerard Piqué sin sus polémicas declaraciones en zona mixta. No tendrían cabida en el fútbol de ayer.

Está claro que el fútbol, como tantos aspectos de la vida, irán amoldándose a los tiempos que corren. Mientras, los mayores seguirán recordando con añoranza el fútbol vintage, mientras que los jóvenes intentamos trasladarnos al pasado para sentir lo que ellos vivieron.

2 comentarios en “El fútbol, mejor con barro

  1. Ekaitz, primero déjame felicitarte porque tu columna resume perfectamente lo que sucede en el fútbol de ahora con todas sus deficiencias.
    Pero además en casi todas las áreas de la vida porque hoy por hoy lo más importante para la gente resultan ser el dinero y la fama.
    Por aquellos días no existían redes sociales pero jugadores como Maradona, Romario o Cruyff por mencionar a los más populares, no necesitaban escribir lo que se atrevían a declarar con valor y aplomo porque su liderazgo les bastaba para eso. Los atletas actuales parecen más preocupados por mostrarse políticamente correctos porque piensan más en el siguiente contrato que en representar cabalmente los valores de un caballero y el honor de un colectivo tan noble como el de un equipo de fútbol.
    ¿Y qué se puede agregar a la situación que nos has descrito con los empresarios que se adueñan del deporte?
    Sabemos todos que a un empresario lo único que le interesa es el retorno de su inversión con amplios márgenes de utilidad, sin reparar en lo mínimo por la vida de sus operarios o la satisfacción de sus “clientes” (es decir, los aficionados) .
    Yo no sé que tan grandioso pueda llegar a ser el fútbol moderno.
    O si éste algún día recuperará su magia y sencillez, pero lamentablemente el capital privado y la burocracia lo han prostituido más que la dignidad de una esclava. Solo el espíritu juguetón de los niños,chavales y viejos que lo practiquen todos ellos en el amateurismo, mantendrán viva su esencia.
    Saludos.

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