¿De dónde proviene lo que compramos?

La marca Inditex comenzó su actividad como productor de prendas textiles en 1973. Actualmente, está distribuida por todo el mundo, alcanza un total de 93 mercados en los cinco continentes y más de 7.292 tiendas. Gracias a ello es capaz de recaudar alrededor de 20.000 millones de euros anualmente.

Inditex se abastece gracias a terceros. Tiene proveedores en todo el mundo; pero, en su mayoría, provienen de lugares donde la mano de obra es notoriamente más barata, al igual que las condiciones laborales. De esta forma pueden mantener su competitividad y los precios de venta lo más reducidos posible.

Según algunas fuentes, el 55% de la ropa proviene de España, Portugal y Marruecos. Sin embargo, el nuevo presidente de Inditex, Pablo Isla, que alcanzó el puesto en 2011, asumió, tras muchas especulaciones, que sólo el 15% de la ropa fabricada por este grupo proviene de nuestro país.

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Elaboración propia. Datos de la web Inditex (2015)                                          

Inditex engloba a sus proveedores de forma geográfica. Las fábricas situadas en lugares como Bangladés, China, India, Turquía, Marruecos y Brasil están obligadas a cumplir un requisito que consiste en elaborar más de 20.000 prendas al año. La mayoría de estas fábricas se centran en la confección; el corte, acabado, tintado y lavado, la producción del tejido o la estampación.

En todos estos lugares se trabaja a través de una figura denominada clúster, grupo de empresas relacionadas entre sí que trabajan para un mismo sector, lo que nos permite saber el número total de trabajadores que hay en cada lugar. Uno de los portavoces de Inditex declaró que los clústeres representan el 90% de su producción total.

Una de las principales quejas que recibe Inditex por parte de diversas ONG’s, que pretenden mejorar las condiciones laborales de los trabajadores, es la falta de transparencia que ofrece la empresa; lo que da lugar a la falta de información acerca del nombre de los proveedores, así como la situación de los trabajadores subcontratas. El resultado es el incumplimiento de las normas del código de conducta establecido en la sede Arteixo (A Coruña); puesto que, en realidad, menos de la mitad de las compañías lo siguen en su totalidad. Pese a todo ello, la empresa continúa asegurando regirse por una política de transparencia.

Por otra parte, Inditex ha recibido, a lo largo de estos años, denuncias por explotación de mujeres, niños y adolescentes (abusos en fábricas de Asia); además de otras acusaciones por uso de mano de obra esclava, malas condiciones laborales, excesivas horas de trabajo…, junto a recientes acusaciones sobre otros temas que surgen a raíz del intento de imitar a otras marcas e intentar acaparar movimientos sociales que para nada deberían tener relación con la “moda”.

Moda conflictiva

En la última temporada el movimiento feminista ha estado más presente que nunca. De esta manera, personas que no conocían del todo su principal objetivo – la liberación de la mujer y, así, la igualdad de derechos entre ambos sexos – han empezado a interesarse por ello y a seguirlo.

Pero, ¿estamos hablando de un movimiento o intentan transformarlo en una moda?

Stradivarius, una tienda que se incorporó en 1999 a Inditex, ha creado polémfeministica con una de sus camisetas que contiene el lema: “Everybody should be feminist”.

Inditex, así como otras grandes empresas, se ha aprovechado del feminismo para el beneficio propio, quitándole todo su carácter revolucionario y transformándolo en una moda más. El resultado es obvio, como toda moda, las grandes empresas catalogan el feminismo como un ideal pasajero que pronto dejará de ser recordado.

Teniendo en cuenta que la industria que la fabrica, así como otras grandes marcas, existe y se sostiene gracias a la explotación de niñas y mujeres en los países anteriormente mencionados, este tipo de artículos contradicen todo lo que el feminismo representa. Por ejemplo, en Bangladés, los trabajadores reciben, aproximadamente, tan solo 38 euros al mes.

El resultado de todo esto es la transformación del movimiento ya no sólo en una moda, sino en un negocio; quitándole todo el significado a la lucha. No venden “artículos feministas” para visibilizar el movimiento sino para lucrarse de ello.

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