Willis Drummond: “Tabula Rasa” y su nuevo comienzo

Tras 4 años de incansable gira del último disco “A ala B”, el grupo vasco-francés Willis Drummond regresó este pasado noviembre con “Tabula Rasa”.

El proyecto solista en paralelo de su cantante, Jurgi Ekiza, y por lo tanto también sus conciertos; sumando el descanso tras la gira, hicieron que se demoraran en sacar a la luz este nuevo trabajo. “Tabula Rasa” es un disco producido por el propio equipo con la ayuda del canadiense Burke Reid, quien también fue partícipe del anterior álbum. Parece que la combinación Willis Drummond-Reid se entiende a la perfección ya que nos ofrecen grandes creaciones. Esta vez les ha bastado con la ayuda del canadiense, ya que han decidido grabar el disco sin la que era su productora desde 2009, bIDEHUTS, en la que participan grandes conocidos de la escena euskaldun como Anari o Lisabö.

Jurgi y Xan en el reciente concierto del 40 Minutu Rock

Empezar de cero, es lo que prácticamente ha hecho Willis Drummond en “Tabula Rasa”. El largo parón ha sido crucial para los componentes del grupo porque les planteó incluso dejar a un lado la banda, como es el caso de Rafa Rodrigo. “Una locomotora” por su ritmo, así lo describe su baterista y compañero. La marcha del segundo guitarrista del grupo fue difícil, sin embargo el recientemente llegado Joseba B. Lenoir supo tomar su relevo, aportando más potencia y detalle.

El álbum comienza con el sencillo “Athabasca”, sus letras critican la contaminación producida por el petróleo. Los golpes de batería incitan al movimiento, las guitarras son realmente potentes y la característica voz de Jurgi completan un tema bastante redondo para los amantes del grupo y para aquellos que lo estén descubriendo.

Joan Ikustera” es el segundo tema que nos ofrece “Tabula Rasa”. Sólo el bajo del principio nos introduce a la que posiblemente sea una de las mejores creaciones de la banda. Esta canción fue presentada en videoclip el día anterior a la salida del disco, y cómo no, había que “ir a verla”. El hecho de que después de tanto tiempo sin nada nuevo de la banda, fuera esta canción la primera en 4 años, la hace aún mejor.

Joan Ikustera

Tras seguramente haber repetido más de una vez la canción anterior, nos encontramos con “Orain” y “Orain II”. Son a la vez complementarios y totalmente distintos. El primero es la contraparte del segundo porque tiene todo lo que una canción de rock debería: rapidez y distorsión. Sin embargo, el final de “Orain” da paso a “Orain II”, una especie de outro totalmente instrumental que necesita reposo para escucharla y la cual seguramente haya dado mucho trabajo en producción.

Los seguidores de Willis Drummond, ya acostumbrados a los cambios y a nuevos sonidos, querrán escuchar “Hedea”. Realmente peculiar, se trata de una canción que parece que vaya a ser más tranquila que sus anteriores, dando más espacio a la voz de Jurgi pero que nos sorprende a la mitad con una nube de distorsión que le da el toque que la banda tiene desde hace años. Aquí es donde podemos ver lo bien que se entienden los artistas con su productor.

La misma línea sigue “Hori dena”, un trabajo que a priori parece que nos traslada al rock de los 80, sin embargo un solo de guitarra aparece de fondo haciendo que los amantes del grupo, desde los inicios tengan aquí una pequeña ventana que mira al pasado.

Ekiraino” y “Konta” son las canciones menos experimentales. Un rock que invita a agitar la cabeza con la inconfundible voz de su cantante. Quizá en estos temas sea en los que mejor se aprecie el acento exótico del cantante, que da a su Euskera rasgos franceses.

Tras esta lluvia de auténtico rock, nos encontramos con “2”. Un descanso para sentarnos a escuchar un minuto y medio de sonido totalmente limpio de guitarra, completamente instrumental con una atmósfera de intriga.

Para dar el broche final al disco, tenemos dos grandes trabajos de producción.

Aholkua”, una canción de autocrítica a nosotros mismos, a lo que somos y lo que sentimos. Nos hace reflexionar a la vez que disfrutamos de un momento de rock alternativo cercano a canciones de Radiohead como por ejemplo “Paranoid Android”, por sus efectos de sonido.

Aholkua

En el último tema, “Hondamendi hontan” aparece por primera vez la guitarra acústica. Gracias a esto la voz del cantante vuelve a tener gran importancia. Sin embargo poco tardan los vasco-franceses en regresar a la caña. Intercalando momentos de acústica, propios de un café bar, con oleadas de potentes y melódicas guitarras. Seguro que harían agitarse a los propios miembros del tranquilo bar.

Willis Drummond cierra así un disco muy completo, con pinceladas de anteriores trabajos y experimentales golpes de brocha. Para aquellos que aún no conozcan el grupo y estén abiertos a nuevos sonidos, “Tabula Rasa” es sin duda un álbum que saca lo mejor de la banda, y que en general llega bastante con una única vez que se escuche.

Además, la puesta en escena del equipo es magnífica. La capacidad de plasmar los efectos de producción del disco en un directo a la perfección y la energía que transmite el bajista Xan hacen que cualquiera que no haya escuchado ni una vez al grupo se quede a disfrutar del concierto. También es remarcable, la polivalencia de Jurgi, el cantante, que en su trabajo como solista es bastante calmado y evoca más a los sentimientos y a cerrar los ojos en sus directos. A pesar de esto, consigue transmitir la garra y la fuerza de Willis Drummond cuando se junta con su grupo.

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