Es hora de comprar un billete

Muchos de los allí presentes ya sabían lo que sucedería cuando Malú Garay cogiese el micro. Otros, ignorantes, aguardaban en silencio. La sala Barrainkua, no demasiado preparada para acoger conciertos, vivió una cálida tarde de la mano de un quinteto formado por los mejores músicos de la villa: Raúl Sainz (guitarra), José Luis Canal (piano), Fabián Acarregui (Contrabajo), Gorka Iraundegui (Batería) y la propia Malú.

Es la magia que encierran los conciertos gratuitos. La gente se atreve a probar, arriesga. Y vaya que si acierta, pues cada tema que el pasado viernes 31 de marzo se interpretó fue una parada en un viaje por los estándares más románticos jamás compuestos. “Construyamos una casa cerca del Sol de día y junto a la Luna por la noche”, explicaba la cantante. Desde ese hogar, como dice el tema East of the Sun and west of the Moon, partía la marcha.

Era difícil recuperar la compostura tras escuchar a los magníficos solistas (Raúl y José Luis) que en cada canción se proponían encandilar a un público que no podía parar de sonreír. Para muchos de los presentes, el jazz llegó justo a tiempo, just in time, a ritmo de una batería más acariciada que tocada. En este punto del trayecto, cada uno de los integrantes formaba un perfecto pentágono, improvisaban por turnos elegantemente, como pasándose una pelota, con dos claros protagonistas ya mencionados. La auténtica virtud de estos artistas es hacer parecer sencillísimo un género tan sofisticado.

El tren no se detenía pese a hacerse de noche. The lamp is low sumergió de lleno a los embaucados oyentes en un acogedor pero sencillo salón, de tenues candelas y cómodas butacas. La apasionante atmósfera que se generó seguro enamoró a más de uno, pero no a los músicos. Ellos dejaron claro que no volvería a suceder, I´ll never fall in love again. La propia Dionne Warwick hubiese tenido que tragarse sus palabras de haber estado allí sentada, escuchando.

El final del trayecto no decepcionó a nadie. That´s all, cantaba Malú. Un destino digno de su recorrido. Todo el salón aplaudía enfervorizado mientras los humildes protagonistas se deshacían en agradecimientos. El jazz sigue vivo en Bilbao gracias a estos conciertos. Sigue vivo para tratar de conseguir más adeptos en un panorama complicado para esta música, este arte. Es hora de comprar un billete.

Foto: fuente propia.

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